11 febrero 2019 – Llamado de Amor y Conversión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María

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Flecha blanca
¡Penitencia, penitencia, penitencia!*, este fue mi mensaje dado en la gruta de Massabielle** y es el mensaje que en los Llamados de Amor y de Conversión continuamente les doy. Las rosas doradas que presenté sobre mis pies*** y que ahora presento en mi Doloroso e Inmaculado Corazón son un eterno llamado a la penitencia. Penitencia que quiere decir soportar las pruebas, las cruces y las dificultades, que en la vida ordinaria se presenten, pero a pesar de estas pruebas y cruces ser fiel a Jesús. En esta penitencia ofrecer los sufrimientos y pruebas del estado de vida; ofrecer las enfermedades e incluso ofrecer las tentaciones como ofrenda agradable, para mi Hijo Jesús. Penitencia es ser fiel a mi Hijo y a su Evangelio en el estado de vida en los que estén mis hijos. Fue dado al mundo un gran don en Lourdes, el don de la penitencia. Penitencias que ofrecidas a mi Hijo, por medio de mis manos, salvan almas y santifican la vida de quien las ofrece. 

A sor Lucia de Fátima le fue presentada una visión: la Santísima Trinidad con mi Hijo crucificado y de su costado brotaban las palabras ‘Gracia y Misericordia’; esas palabras, formadas con agua cristalina, las he traído a mi jardín, bendiciendo la fuente de gracia y misericordia, para sanación del alma y del cuerpo de mis hijos. Ofrezcan queridos hijos sus vidas en penitencia por la conversión de los pobres pecadores y para los que aún viven puedan ser apóstoles de Nuestros Sagrados Corazones. Queridos hijos, sean testimonio de mis Llamados de Amor y de Conversión. Como Madre de Lourdes y con mi Doloroso e Inmaculado Corazón los bendigo: en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

* El miércoles 24 de febrero de 1858, la Virgen exclamó tres veces: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y le hizo repetir estas palabras a Santa Bernadette Soubirous.

** Una gruta que era el basurero de la villa de Lourdes, y desde ese lugar de basura nacería una fuente de gracia y sanación para toda la humanidad.

*** El jueves 11 de febrero de 1858, la primera aparición, la Virgen vestía un traje blanco, brillante y de un tejido desconocido, ajustado al talle con una cinta azul; largo velo blanco caía hasta los pies envolviendo todo el cuerpo. Dos rosas brillantes de color oro cubrían la parte superior de los pies de la Santísima Virgen.