18 Mayo 2018 – Llamado de Amor y Conversión del Sagrado Corazón de Jesús

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Flecha blanca

¡Cómo desea Mi Corazón que estuvieran enamorados de Mí! Yo no quiero que sólo crean; Yo quiero que estén enamorados de Mí, como Yo lo estoy de ustedes. Almas, Yo no pensé resguardar Mi Vida; cuando supe que para salvarlas debía morir, no dudé en decirle a Mi Padre: ‘Aquí estoy’; no lo dudé. Porque Yo los amo y me entregué sin pensarlo más, para salvarlos; aún sabiendo el suplicio que implicaba. Almas, Yo las amo ¿qué más puedo hacer para convencerlas de que las amo? Me entregué en la Cruz. Les doy Mi Cuerpo y Mi Sangre para que me coman y beban.

Estoy dando los Últimos Llamados de Amor a la humanidad, para que conozcan Mi Misericordia. ¿De qué otra forma puedo convencerlos de que los amo? Eres tú, alma, la que pones condiciones al Amor que te tengo. Eres tú, quien quieres estar sola. Eres tú, quien quiere permanecer enferma. Mis Brazos están abiertos. Quiero estar contigo. Quiero sanarte. Pero tú no te dejas. ¡Sólo ámame! ¡Ámame con celo y con locura! Y eso basta para que Yo pueda hacer Mi Obra en ti.

Mi Apostolado es una prenda de Amor de Mi Corazón, que doy a la humanidad en este tiempo. Y con esta Obra he querido abrazar al mundo entero. ¡Ven la Luz y no se acercan! ¡Ven el Refugio y se alejan! ¡Ven Mi Amor y Mi Dolor y se ponen indiferentes! Alma, Yo te amo, regresa a Mi Corazón.

Pequeño lirio, crucificado por Mí y conmigo, el dolor es parte de la encarnación mística de Nuestros Sagrados Corazones en el tuyo, no te entristezcas; el dolor te hace bello para Mí, hijito, y el dolor que me das, ofrecido en holocausto, consuela grandemente Mi Corazón y alivia el dolor de nuestra Mamá. Lirio, crucificado conmigo, que el celo que el Espíritu Santo ha puesto en tu corazón te haga una voz, que llame al mundo a entregarse a Mi Corazón. El Corazón Inmaculado de Mi Madre y el Espíritu Santo también te consagraron un día como una alma víctima. Por tres cosas: consolar, desagraviar y expiar a Nuestros Sagrados Corazones Unidos, por la santidad de todas las almas consagradas a Dios y, finalmente, para que el mundo entero conozca y reciba el Amor Divino de Mi Corazón. Y por estas tres cosas, tú, sufres, hijito; pero el dolor te realiza, te hace grande para Mí y fuerte en el espíritu.

¡Cómo quisiera que el mundo, al fin, pudiera recibir el Amor que le tengo! ¡Humanidad te amo y te bendigo! ¡Recibe el Amor que te tengo! ¡Humanidad escucha al Señor! En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.