15 de Agosto: Memoria Litúrgica de SAN TARSICIO
santo PATRONO DEL APOSTOLADO DE LOS SAGRADOS CORAZONES UNIDOS DE JESÚS Y DE MARÍA Y PROTECTOR DE LOS REFUGIOS MARIANOS
FIESTA DE SAN TARSICIO
La fuente principal de la historia de San Tarsicio se encuentra en la inscripción que el Papa Dámaso (366-384) había colocado en la tumba del niño mártir. Ambientada en un momento de persecución de la Iglesia, cuenta la historia de Tarsicius.
Después de la Misa, llevó las Hostias consagradas a los cristianos encarcelados que esperaban el martirio. Siendo niño, sería menos sospechoso visitarlos si fuera un adulto.
Mientras caminaba a la prisión por la calzada romana conocida como la Vía Apia, se encontró con un grupo de niños y hombres paganos que comenzaron a acosarlo. Si bien no sabían, específicamente, que pertenecía al grupo oculto de cristianos, le exigieron que les mostrara lo que tenía en sus manos, que escondía en su ropa.
Tarsicius se negó, sabiendo que probablemente tomarían y profanarían el Santísimo Sacramento si lo obtenían de él. Su continuo rechazo enfureció a la multitud que comenzó a agredirlo. Cuando la multitud enojada lo golpeó, Tarcisius cayó sobre las piedras de la Vía Apia protegiendo a la Hostia debajo de su cuerpo. La turba no cedió una vez que cayó y finalmente lo mató. Cuando le dieron la vuelta al cuerpo para descubrir lo que había estado escondiendo. No encontraron nada. La Hostia se había desvanecido.
portaba los sacramentos de Cristo.
Para mostrárselos a los profanos
prefirió que lo mataran y
entregar su vida
antes que, a los perros rabiosos,
traicionar, el cuerpo celeste”.
19 mayo 2016 - LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL CORAZÓN DOLOROSO E INMACULADO DE MARÍA
La Santísima Madre: Hijito, mi Corazón Inmaculado viene a encontrarse contigo.
El instrumento: Madre amable, dime que quieres que aprenda hoy.
La Santísima Madre: Hijito recuerdas que te enseñé sobre la misión de San José, el Varón Justo, que será la de custodiar a todos los apóstoles de nuestros Sagrados Corazones, y la misión de San Miguel, el Arcángel del Señor, que será dirigir el Ejército Mariano y de entablar y vencer la Batalla contra Satanás.
El instrumento: Sí, Mama Celestial, recuerdo ese mensaje.
La Santísima Madre: Pues ahora, hijito, he confiado a mi Remanente Fiel a la intercesión de dos santas almas que son ejemplo de amor, valor, y predilección de mi amor maternal: Santa Filomena, Patrona de los hijos de mi Inmaculado Corazón, y el pequeño San Tarsicio.
Pequeño, estas dos almas han sido celosas con Jesucristo, buscando sobre todo la mayor Gloria de Dios. Mi Remanente Fiel debe implorar la intercesión de Santa Filomena, a la que estando en sus sufrimientos y martirio visité; ella protegerá a las almas consagradas a mi Corazón Inmaculado, y es ejemplo de fidelidad y radicalidad evangélica.
Y ahora, pequeño, también he encomendado a mi pequeño mártir San Tarsicio que suplique por el Remanente Fiel, para que aprendan de este niño el celo y el amor a la Santa Eucaristía, que, así como el dio la vida física para defender a mi Hijo, mi Remanente Fiel de su vida también a través de la oración, la adoración eucarística, y la reparación.
Hijito, estas dos almas santas intercederán por mi pueblo para que sea fiel a la entrega que ha hecho a mi Inmaculado Corazón Corredentor. Y, para que sean adoradores y reparadores de la Sagrada Eucaristía, que es: mi Hijo Jesucristo entregado por Amor.
El instrumento: Gracias Mama Celestial por esta enseñanza y por estos dos grandes santos que nos protegen.
La Santísima Madre: Mi pequeño, Lucía, Francisco y Jacinta te acompañan e interceden por ti.
El instrumento: Gracias Madre, me abandono en ti.
La Santísima Madre: Te amo hijito y te doy mi Bendición Maternal.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.
El 15 de agosto ofrece una convergencia espiritual muy profunda: la Asunción de la Santísima Virgen, la memoria de San Tarsicio, mártir de la Eucaristía, y, desde la espiritualidad del Apostolado, la contemplación de la glorificación de la Divina Voluntad plenamente acogida y vivida en María.
El documento que adjuntó ya establece muy bien la clave de lectura: San Tarsicio representa al apóstol que defiende, ama y repara a Jesús Eucaristía en un tiempo de profanación e irreverencia. Y el Llamado va todavía más lejos: la Santísima Madre lo presenta expresamente como intercesor del Remanente Fiel para que aprenda de él «el celo y el amor a la Santa Eucaristía», concretado en oración, adoración eucarística y reparación.
Propongo que el documento para su festividad no sea simplemente una biografía, sino una lectura espiritual de su vida a la luz del Llamado y del carisma del Apostolado:
SAN TARSICIO
Mártir de la Eucaristía y modelo del Remanente Fiel
15 de agosto. Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María
Glorificación de la Divina Voluntad
«He encomendado a mi pequeño mártir San Tarsicio que suplique por el Remanente Fiel, para que aprendan de este niño el celo y el amor a la Santa Eucaristía».
Corazón Doloroso e Inmaculado de María, 19 de mayo de 2016
1. DOS MISTERIOS QUE SE ENCUENTRAN EN UN MISMO DÍA
Cada 15 de agosto la Iglesia contempla a la Santísima Virgen María llevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo.
En este mismo día se recuerda también a San Tarsicio, joven mártir de los primeros siglos cristianos, cuya memoria quedó inseparablemente unida al amor y a la defensa de la Santísima Eucaristía.
A primera vista parecen dos realidades distintas: María elevada al Cielo y un joven cristiano que entrega su vida custodiando a Jesús Sacramentado.
Sin embargo, contempladas desde la espiritualidad de los Sagrados Corazones Unidos, descubrimos un profundo vínculo:
María nos muestra hasta dónde conduce una vida totalmente entregada a la Voluntad de Dios; Tarsicio nos muestra cómo esa entrega puede vivirse hasta dar la vida por Jesús Eucaristía.
En María contemplamos la plenitud de la entrega.
En Tarsicio contemplamos la radicalidad de esa entrega.
En María, la Divina Voluntad acogida plenamente.
En Tarsicio, la voluntad humana ofrecida heroicamente por amor a Jesús.
Y en ambos encontramos una misma respuesta:
pertenecer enteramente a Dios.
2. SAN TARSICIO: EL JOVEN QUE PREFIRIÓ MORIR ANTES QUE ENTREGAR A JESÚS
San Tarsicio pertenece a la Iglesia de los primeros siglos, cuando los cristianos sufrían persecución y debían reunirse muchas veces clandestinamente para celebrar los santos misterios.
La antigua tradición cristiana conserva su memoria como la de un joven que llevaba la Santísima Eucaristía y que fue atacado por negarse a entregar el sagrado depósito que custodiaba.
Tarsicio sabía a Quién llevaba.
No llevaba simplemente un objeto sagrado.
Llevaba a Jesucristo.
Cuando intentaron obligarlo a revelar y entregar aquello que guardaba junto a su pecho, permaneció fiel.
Prefirió entregar su propia vida antes que permitir la profanación de la Sagrada Eucaristía.
Por eso la Iglesia lo recuerda como uno de los grandes testigos juveniles del amor eucarístico.
Su martirio proclama silenciosamente una verdad:
Jesús Eucaristía vale más que mi propia vida.
Tarsicio protegió con su cuerpo el Cuerpo de Cristo.
Su pecho se convirtió en sagrario.
Sus brazos, en custodia.
Su fidelidad, en adoración.
Y su sangre derramada, en testimonio de amor eucarístico.
3. EL CORAZÓN DOLOROSO E INMACULADO DE MARÍA NOS EXPLICA LA MISIÓN DE TARSICIO
Muchos siglos después, en el Llamado de Amor y Conversión del 19 de mayo de 2016, el Corazón Doloroso e Inmaculado de María presenta a San Tarsicio dentro de una misión concreta para el Remanente Fiel.
La Santísima Madre enseña:
«He encomendado a mi pequeño mártir San Tarsicio que suplique por el Remanente Fiel, para que aprendan de este niño el celo y el amor a la Santa Eucaristía».
Estas palabras son fundamentales.
La Santísima Madre no presenta a Tarsicio solamente para que admiremos un acontecimiento ocurrido hace siglos.
Lo presenta para que aprendamos de él.
San Tarsicio se convierte así en una escuela de espiritualidad eucarística. Y la lección central de esta escuela es doble:
CELO POR JESÚS EUCARISTÍA
AMOR A JESÚS EUCARISTÍA
El celo sin amor podría convertirse solamente en defensa exterior.
El amor sin celo podría quedarse únicamente en sentimiento.
En Tarsicio aparecen unidos:
ama a Jesús y, porque lo ama, lo defiende.
4. «ASÍ COMO ÉL DIO LA VIDA FÍSICA…»
El Llamado realiza después una comparación extraordinariamente importante:
«Así como él dio la vida física para defender a mi Hijo, mi Remanente Fiel dé su vida también, a través de la oración, la adoración eucarística y la reparación».
Aquí encontramos la actualización espiritual del martirio de San Tarsicio.
Probablemente la mayoría de nosotros nunca será llamada a proteger físicamente la Eucaristía hasta derramar la sangre.
Pero todos podemos entregar la vida. ¿Cómo?
La Santísima Madre señala tres caminos:
Oración.
Adoración Eucarística.
Reparación.
Por eso el martirio de Tarsicio continúa espiritualmente en cada apóstol que se coloca delante del Santísimo Sacramento y dice:
Jesús, aquí estoy.
Cuando otros te olvidan, quiero recordarte.
Cuando otros se alejan, quiero acompañarte.
Cuando eres ofendido, quiero consolarte.
Cuando eres tratado con indiferencia, quiero adorarte.
Cuando tu Presencia Eucarística es despreciada, quiero proclamar con mi vida que verdaderamente estás aquí.
5. TARSICIO, IMAGEN DEL APÓSTOL DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS
Desde esta enseñanza podemos comprender por qué San Tarsicio tiene una particular importancia dentro de la espiritualidad del Apostolado.
El apóstol de los Sagrados Corazones Unidos está llamado a ser profundamente eucarístico:
No basta conocer la Eucaristía.
Debe amarla.
No basta defender intelectualmente la Presencia Real.
Debe adorarla.
No basta lamentar los sacrilegios.
Debe reparar.
No basta hablar de Jesús Eucaristía.
Debe convertirse en una vida ofrecida a Jesús Eucaristía.
San Tarsicio encarna precisamente esta espiritualidad.
El documento de formación del Apostolado lo contempla como figura del apóstol de los Últimos Tiempos que defiende la Eucaristía frente a la profanación, la irreverencia y los sacrilegios.
Pero existe una defensa todavía más profunda: convertirse uno mismo en una vida eucarística.
Tarsicio llevó a Jesús sobre su pecho.
El apóstol está llamado a llevar a Jesús en su corazón, en sus palabras, en sus obras y en toda su vida.
6. MARÍA Y TARSICIO: DOS «SÍ» A LA VOLUNTAD DE DIOS
Y aquí aparece providencialmente la fecha: 15 DE AGOSTO
La Iglesia celebra la Asunción de la Santísima Virgen María.
En María contemplamos a la criatura que respondió enteramente:
«Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).
Toda su existencia fue disponibilidad.
Toda su existencia fue obediencia.
Toda su existencia fue amor.
Desde Nazaret hasta Belén.
Desde Belén hasta Egipto.
Desde Nazaret hasta Caná.
Desde Caná hasta el Calvario.
Desde el Calvario hasta el Cenáculo.
María vivió completamente orientada hacia Dios.
Por eso, desde la espiritualidad del Apostolado, podemos contemplar la Asunción también como la glorificación de una existencia enteramente abandonada a la Divina Voluntad.
La Asunción nos muestra el destino de la criatura que pertenece totalmente a Dios.
Y San Tarsicio nos muestra la misma lógica de entrega llevada hasta el martirio:
antes perder la vida que traicionar al Señor.
7. MARÍA LLEVÓ A JESÚS; TARSICIO LLEVÓ A JESÚS
Existe además una hermosa correspondencia espiritual:
María llevó a Jesús en su seno.
Tarsicio llevó a Jesús Eucaristía junto a su pecho.
María protegió al Niño Jesús.
Tarsicio protegió a Jesús Sacramentado.
María entregó su vida al servicio del misterio de Cristo.
Tarsicio entregó su vida defendiendo el misterio eucarístico de Cristo.
María permaneció junto a Jesús en el Calvario.
Tarsicio permaneció fiel a Jesús hasta su propio martirio.
Por eso no sorprende que sea precisamente el Corazón Doloroso e Inmaculado de María quien presente a este pequeño mártir al Remanente Fiel.
La Madre parece decirnos:
Aprendan de este niño cómo se ama a mi Hijo.
8. EL REMANENTE FIEL DEBE SER EUCARÍSTICO
El Llamado del 19 de mayo de 2016 culmina revelando la finalidad de esta intercesión:
«Estas dos almas santas intercederán por mi Pueblo para que sea fiel a la entrega que ha hecho a mi Inmaculado Corazón Corredentor y para que sean adoradores y reparadores de la Sagrada Eucaristía, que es mi Hijo Jesucristo entregado por Amor».
Aquí encontramos una síntesis extraordinaria de la vocación del apóstol:
CONSAGRADOS A MARÍA
ADORADORES DE JESÚS
REPARADORES DE LA EUCARISTÍA
La verdadera devoción al Corazón Doloroso e Inmaculado de María necesariamente conduce hacia Jesús.
Y María conduce especialmente hacia Jesús Eucaristía.
Por eso el apóstol que entra verdaderamente en la escuela del Corazón de María termina necesariamente delante del Sagrario:
María forma adoradores.
María forma reparadores.
María forma almas eucarísticas.
9. DE TARSICIO AL SAGRARIO
La fiesta de San Tarsicio no puede reducirse, entonces, al recuerdo de un joven heroico del cristianismo antiguo debe producir una respuesta.
Ante Jesús Sacramentado podemos preguntarnos:
¿Qué significa para mí la Eucaristía?
¿Creo verdaderamente que es Jesús?
¿Lo visito?
¿Lo adoro?
¿Reparo por las ofensas cometidas contra Él?
¿Me preparo dignamente para recibirlo?
¿Defiendo con respeto su Presencia Real?
¿Mi conducta dentro del templo manifiesta que sé delante de Quién estoy?
¿Estoy dispuesto a entregar mi tiempo, comodidad y voluntad por amor a Jesús?
Tarsicio no respondió estas preguntas con palabras.
Las respondió con su vida.
10. 15 DE AGOSTO: DE LA ENTREGA A LA GLORIA
La Providencia nos permite contemplar en este día un itinerario espiritual completo:
María:
«Hágase en mí».
Tarsicio:
Antes morir que entregar a mi Señor.
El apóstol:
«Jesús, quiero darte mi vida mediante la oración, la adoración y la reparación».
Y finalmente:
la gloria.
La Asunción nos recuerda que la entrega a Dios no termina en la cruz.
Termina en Él.
La obediencia desemboca en gloria.
La fidelidad desemboca en gloria.
La pureza desemboca en gloria.
La reparación desemboca en gloria.
La vida entregada a la Divina Voluntad encuentra su plenitud en Dios.
María ya participa plenamente de esa gloria.
Tarsicio, después de entregar su joven vida por Cristo, participa de la comunión de los santos.
Y nosotros todavía caminamos.
11. SAN TARSICIO NOS ENTREGA HOY UNA MISIÓN
En un tiempo en el que tantas personas desconocen la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía, San Tarsicio vuelve a levantar silenciosamente su pequeño testimonio delante de nosotros. No necesita pronunciar grandes discursos.
Su cuerpo protegiendo la Eucaristía lo dice todo:
ÉL ES JESÚS.
ÉL ESTÁ VIVO.
ÉL ESTÁ PRESENTE.
ÉL MERECE NUESTRA ADORACIÓN.
ÉL MERECE NUESTRA VIDA.
Por eso, el apóstol de los Sagrados Corazones Unidos está llamado a convertirse en un Tarsicio de estos tiempos.
Quizá no tendremos que proteger físicamente las Sagradas Especies con nuestros brazos.
Pero sí debemos proteger la fe eucarística en nuestros corazones.
Custodiar la reverencia.
Promover la adoración.
Reparar los sacrilegios.
Consolar al Corazón Eucarístico de Jesús.
Y enseñar, especialmente a los niños y jóvenes, que en el Santísimo Sacramento no encontramos una cosa:
encontramos a una Persona.
encontramos a Jesús.
12. «MI PEQUEÑO MÁRTIR SAN TARSICIO»
Es profundamente significativo el modo en que la Santísima Madre lo llama:
«mi pequeño mártir San Tarsicio».
Pequeño ante el mundo.
Grande delante de Dios.
Joven en años.
Maduro en la fe.
Débil físicamente.
Invencible en el amor.
Su fortaleza no nació de sí mismo.
Nació de saber a Quién llevaba consigo.
Ese puede ser también el secreto del Remanente Fiel:
llevar a Jesús.
Cuando llevamos verdaderamente a Jesús, podemos atravesar la oposición.
Cuando adoramos verdaderamente a Jesús, aprendemos a permanecer.
Cuando vivimos de Jesús Eucaristía, nuestra propia vida comienza a convertirse en ofrenda.
CONCLUSIÓN
DE MARÍA A JESÚS EUCARISTÍA
En este 15 de agosto levantemos nuestros ojos hacia María Asunta al Cielo y nuestro corazón hacia Jesús presente en el Sagrario.
La Madre glorificada continúa señalándonos al Hijo, Y junto a Ella aparece hoy un pequeño mártir que parece decirnos:
No tengan miedo de dar la vida por Jesús.
San Tarsicio protegió la Eucaristía con su cuerpo.
Ahora nosotros estamos llamados a custodiarla con nuestra fe, nuestra adoración, nuestra reparación y nuestra vida.
Que el Corazón Doloroso e Inmaculado de María forme en el Apostolado una generación de nuevos Tarsicios:
almas fieles,
almas valientes,
almas reparadoras,
almas profundamente eucarísticas,
que vivan para la mayor Gloria de Dios y puedan decir con toda su existencia:
JESÚS EUCARISTÍA, TÚ ERES MI TESORO.
ANTES QUE OFENDERTE, QUIERO ENTREGARME.
ANTES QUE ABANDONARTE, QUIERO ADORARTE.
ANTES QUE VIVIR PARA MÍ, QUIERO VIVIR PARA TI.
ORACIÓN A SAN TARSICIO
San Tarsicio, pequeño mártir de Jesús Eucaristía,
intercede por el Remanente Fiel.
Enséñanos el celo y el amor a la Santa Eucaristía.
Alcánzanos un corazón que adore,
una vida que repare
y una fe que permanezca firme.
Que, siguiendo tu ejemplo,
sepamos custodiar a Jesús en nuestros corazones
y defender con nuestra vida la santidad de su Presencia Eucarística.
Ayúdanos a entregarnos por medio de la oración,
la adoración eucarística y la reparación.
Y unidos al Corazón Doloroso e Inmaculado de María,
haz que vivamos enteramente para Jesús,
buscando siempre y en todo
la mayor Gloria de Dios.
San Tarsicio,
mártir de la Eucaristía
y protector del Remanente Fiel,
ruega por nosotros.
Amén.
Es, especialmente importante conservar como eje doctrinal-espiritual de la vida de San Tarsicio y la de los apóstoles de los Últimos Tiempos- la secuencia que el propio Llamado establece: Tarsicio → celo y amor a la Eucaristía → entrega de la vida → oración, adoración y reparación → fidelidad al Corazón de María → Jesús Eucaristía. Es precisamente la estructura interna del texto del 19 de mayo de 2016.