Hora 02

21 de junio de 2018

Oración preparatoria para la Meditación de la Hora de Reparación

Jesús, amor mío, soy tu pobre nada. Mi Jesús, soy nada y además pobre, por eso necesito de tu Santo Espíritu que, unido al Doloroso e Inmaculado Corazón de la Mamá Celestial, llenen mi pequeño corazón de Amor Santo y Fuego Divino para enfervorizar mi ser tan frío e indiferente al Amor de Dios.

Jesús, mi Esposo Celestial, al comenzar mi meditación reparadora, prepara mi espíritu para recibir la Luz Divina que me conceda conocer y grabar en mi corazón los Misterios de tu Amor Infinito, Amor que entregaste a una Cruz para que yo te amara, Amor que expiró su último aliento para que yo tuviera vida.

Jesús, Mamá Celestial, tomo los méritos de cada Hora de Meditación Reparadora y los hago vida, que multiplicándose en mí den luz a todos los corazones, y haciendose vida en mi pobre vida me preparen a mí y a todos para el Triunfo del Doloroso e Inmaculado Corazón de María y del Reinado del Espíritu Santo. Amén.

21 de junio de 2018

Al terminar la Meditación Reparadora, se realiza La Dulce Cadena del Amor Divino

Hora 02

4 de enero de 2019 - LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DE DIOS PADRE TIERNO Y MISERICORDIOSO

Segunda Hora de Meditación Reparadora
“La Creación”
Al crear la tierra, mi Eterno Corazón se regocijó. Mi pequeña víctima, para Mí, tu Padre, la creación fue una fiesta de amor y luz. Al pronunciar el ¡Fiat Lux! (Génesis 1, 3) una gran ola de luz se levanto de la tierra a la Trinidad y de la Trinidad regreso a la tierra, al agua, al fuego que rodeaban al mundo, esta Luz Divina de mi Voluntad Creadora estableció orden, armonía y luz.

Cada árbol, cada planta, animal, y la reunión de las aguas en los mares, fue un continúo: Fiat Voluntas Tua, todas las criaturas recién creadas encontraban su contento en hacer mi Divina Voluntad, me recreaba en ellas y paseaba en este Jardín de Cielo en la tierra. Todas las criaturas eran, en si mismas, un himno de amor, alabanza y adoración a la Trinidad Santísima: al Padre, al Verbo, al Espíritu.

Yo, vuestro Padre, hice a la más hermosa de las criaturas, criatura que debía ser semejante a su Creador, semejante a Dios, en cuanto a su espíritu y potencias del mismo: voluntad, entendimiento y libertad.

Tomé barro, moldeé a la criatura, la más perfecta de todas, la más hermosa. mi Divino Espíritu sopló la vida sobre esta criatura. Adán se levantó de la tierra, en su recién creado corazón entendió que Yo era su Dios y Creador, porque con el soplo del Santo Espíritu le fue infuso el Don del Conocimiento.

La Gracia era la vida del hombre, las Virtudes su vestido, el Amor su Potencia. Adán me adoraba, glorificaba y daba gracias. Adán, por el Don del Conocimiento infuso en él, puso nombre a cada criatura (Génesis 2, 20), y al poner el nombre a cada criatura, me daba gracias, me glorificaba, me amaba.

Adán solo tenía una única preocupación, alabarme en todos y por todos, darme gracias en todos y por todos. Sumergí a Adán en un profundo descanso y de su costado izquierdo, muy cerca de su corazón, tomé una costilla y formé a Eva haciendo para él una criatura semejante, donde encontraría ayuda adecuada para poblar mi creación, engendrando hijos de la Divina Voluntad, pues, ese, era mi Plan Divino.

La gracia los envolvía, en esta gracia vivían, la Comunión Trinitaria era su vida, tenían la Vida Divina en ellos, sus actos eran divinos y eran un continúo himno de alabanza y amor.
Elevación del alma
Padre Tierno y Misericordioso, adoro tu Voluntad Creadora, en tu Fiat Creador me sumerjo, en este mar divino de luz que abrazó al mundo, que salió de Ti.

Yo, tomo esta divina luz para que, inundándome de ella, te contemple, te adore, te amé y de gracias. Con esta misma luz divina, que es fruto de tu Unidad Trinitaria, quiero contemplar la belleza, la verdad y la razón de ser de cada criatura.

Te adoro en las plantas, en los árboles, en cada ser viviente, en la reunión de las aguas, que elevando olas y levantando brisas y lluvias te dan gracias y te alaban. Pero, más te adoro y te doy gracias por la creación del hombre, en sus primeros movimientos, en el primer latido de su corazón, en el primer pensamiento de su mente pura, en el primer acto de su voluntad y libertad.

Te adoro, te doy gracias, te amo, como lo hicieron Adán y Eva, y lo hago en tu mismo Fiat Divino, amándote y adorándote, como lo hicieron el hombre y la mujer que estaban bañados por tu luz, envueltos en tu gracia.

Dios Padre Tierno y Misericordioso, te amo, te alabo, te adoro, en la pureza, en la belleza y en el amor con que te amaron, te alabaron, te adoraron Adán y Eva antes de pecar. Amén. Fiat.