Hora 22

21 de junio de 2018

Oración preparatoria para la Meditación de la Hora de Reparación

Jesús, amor mío, soy tu pobre nada. Mi Jesús, soy nada y además pobre, por eso necesito de tu Santo Espíritu que, unido al Doloroso e Inmaculado Corazón de la Mamá Celestial, llenen mi pequeño corazón de Amor Santo y Fuego Divino para enfervorizar mi ser tan frío e indiferente al Amor de Dios.

Jesús, mi Esposo Celestial, al comenzar mi meditación reparadora, prepara mi espíritu para recibir la Luz Divina que me conceda conocer y grabar en mi corazón los Misterios de tu Amor Infinito, Amor que entregaste a una Cruz para que yo te amara, Amor que expiró su último aliento para que yo tuviera vida.

Jesús, Mamá Celestial, tomo los méritos de cada Hora de Meditación Reparadora y los hago vida, que multiplicándose en mí den luz a todos los corazones, y haciendose vida en mi pobre vida me preparen a mí y a todos para el Triunfo del Doloroso e Inmaculado Corazón de María y del Reinado del Espíritu Santo. Amén.

21 de junio de 2018

Al terminar la Meditación Reparadora, se realiza La Dulce Cadena del Amor Divino

21 de junio de 2018 Oración preparatoria para la Meditación de la Hora de Reparación

13 de febrero de 2021- LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

Vigésima segunda Hora de Meditación Reparadora
¨Jesús es flagelado y coronado de espinas¨
Mi pequeña víctima:

Mi Corazón, Prisionero Divino, desea seguir desahogando el Amor Divino Salvífico llevado al exceso del sacrificio por las almas. Querido hijo, antes de la condena final, pronunciada por el gobernador romano y querida por el Sanedrín y la turba judía, fui brutalmente torturado.

Estas torturas de la flagelación y de la coronación de espinas, fueron decretadas por Pilato para dar contento a las turbas movidas por el odio y el rechazo a la Verdad Divina del Verbo Encarnado.

Me llevaron al patio interior del palacio romano, y en una columna de un metro fui atado y desnudado frente a los soldados romanos, la guardia del Templo, y el Sanedrín. Recibí en mi Flagelación, atado a la columna, 3000 azotes. Cada azote y cada golpe eran más doloroso que el anterior, pues la intensidad del odio iba siendo infundida por cada golpe, en los corazones de los soldados verdugos.

Al terminar la flagelación fui retirado, arrastrado de mis manos y mis pies. Mi Cuerpo Sacrosanto recibió más escarnio cuando me arrastraron de la columna hacia el pasillo que estaba frente donde fui flagelado, y allí me esperaba un casco de espinas que rodeo toda mi cabeza, y con sus espinas punzantes me torturó mi Sagrada Cien. Me quitaron el casco de espinas, rasgándome nuevamente, para ponerme mi túnica; cuando estaba vestido con mis ropas, volvieron a colocarme el casco de espinas.

Mi Santo Rostro y mi Sagrada Cabeza bañados en sangre, fueron presentados al pueblo Judío. En esta misma plaza estaba mi Mamá Santa, Dolorosa y Sufriente, ofreciéndose junto conmigo y orando por nuestros enemigos.

Pilato, pronunció el: ¨Ecce Homo¨, aquí el Hombre (San Juan 19, 5), y lavándose las manos, me entregó al pueblo Judío para que me crucificaran, siendo expuesto como el peor malhechor.

Bajé las gradas del pretorio romano, hacía el centro de la plaza, para encontrarme con la Cruz Redentora.
Elevación del alma
Jesús, mi Divino Prisionero, atado y flagelado por amor, te amo, te adoro, te bendigo, te doy reparación y consuelo por todos.

Jesús, Nuestro Rey, en Divina Voluntad, te pedimos perdón por nuestra incoherencia de vida, por hacer prevalecer nuestro egoísmo. Que la violencia del corazón humano sea vencida por tu Divina Mansedumbre.

En Divina Voluntad, tomo tus sufrimientos de la flagelación y coronación de espinas, y las uno a todos los sufrimientos del mundo, para que nuestro ofrecimiento sirva para traer paz y salvación al mundo.

En Divina Voluntad, Rey Coronado de espinas, de rostro sereno y pacífico, quiero darte, por toda la humanidad, el honor y la gloria; y pedirte, por los Dolores Santísimos de tu flagelación y coronación de espinas, el Triunfo del Corazón Doloroso e Inmaculado de María y la venida de tu Reinado Eucarístico. Amén. Fiat.