Conmemoración del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, Desatadora de Nudos
28 de septiembre
Hoy, 28 de septiembre, elevamos nuestra mirada y nuestro corazón hacia la Santísima Virgen María, contemplándola bajo este hermoso título: Corazón Doloroso e Inmaculado de María, Desatadora de Nudos.
La imagen histórica de María Desatadora de Nudos tiene sus raíces en Augsburgo, Alemania. Hacia el año 1700, Johann Georg Melchior Schmidtner pintó la célebre representación que se conserva en la iglesia de San Pedro am Perlach. En ella, María aparece rodeada de luz, con la serpiente bajo sus pies, mientras recibe de un ángel una cinta llena de nudos y la entrega a otro completamente desatada. La imagen expresa visualmente una antigua intuición cristiana vinculada a san Ireneo de Lyon: el nudo producido por la desobediencia de Eva es desatado por la obediencia de María. Por su fiat, la Virgen permite que Dios realice en ella su obra de salvación. Por eso, los nudos no se desatan por un poder independiente de María, sino por la gracia de Jesucristo, a quien ella siempre nos conduce.
Con el paso de los siglos, esta devoción se extendió mucho más allá de Alemania. Tuvo una difusión particularmente importante en América Latina, favorecida por la devoción que profesó a esta imagen el entonces padre Jorge Mario Bergoglio, quien la conoció durante una estancia en Alemania en la década de 1980 y posteriormente promovió su veneración en Argentina. En 2021, ya como Papa Francisco, concluyó en los Jardines Vaticanos un mes mundial de oración rezando el Rosario ante una imagen de María Desatadora de Nudos llevada desde Augsburgo.
Pero para nosotros, al contemplarla como Corazón Doloroso e Inmaculado de María, Desatadora de Nudos, esta imagen adquiere también una profunda llamada espiritual.
Los nudos son todo aquello que impide que la gracia circule plenamente en nuestra vida: el pecado, la falta de amor, la desobediencia, las divisiones, los resentimientos, los celos, las envidias, la búsqueda de nosotros mismos, la falta de humildad y todo aquello que hiere la unidad.
Y María no rompe violentamente la cinta.
La toma entre sus manos y, con paciencia maternal, la desata.
¡Qué hermosa imagen de su maternidad!
Hoy ponemos también entre sus manos los nudos de nuestro Apostolado, de nuestras familias, de nuestros Cenáculos, de nuestras Coordinaciones y, sobre todo, los nudos escondidos de nuestro propio corazón.
Madre, desata primero aquello que está anudado dentro de nosotros, para que podamos ser instrumentos de unidad para los demás.
Que cada nudo desatado se transforme en una gracia; cada resentimiento, en perdón; cada división, en comunión; cada desobediencia, en un nuevo FIAT; cada orgullo, en humildad; cada herida, en ofrecimiento; y cada corazón alejado, en un corazón nuevamente conducido hacia Jesús Eucaristía.
En este 28 de septiembre, nuestra celebración no sea solamente exterior. Permitamos que María tome verdaderamente la cinta de nuestra vida entre sus manos.
Y digámosle con confianza filial:
Corazón Doloroso e Inmaculado de María, Desatadora de Nudos,
toma los nudos de nuestra vida y de nuestro Apostolado.
Desata lo que nos separa de Dios,
sana lo que nos divide,
ordena lo que hemos desordenado
y enséñanos a pronunciar contigo nuestro “sí” a la Voluntad Divina.
Madre, reúne lo disperso, reconcilia lo dividido y sana lo herido.
Desata nuestros nudos y llévanos a Jesús.
¡Corazón Doloroso e Inmaculado de María, Desatadora de Nudos, ruega por nosotros y haz de todos nosotros un solo corazón, una sola familia y una sola misión alrededor de Jesús Eucaristía! Amén.