DEVOCIÓN REPARADORA EUCARÍSTICA DE LOS SAGRADOS CORAZONES UNIDOS DE JESÚS Y DE MARÍA
Reflexión Introductoria a la Devoción Reparadora Eucarística
Viviendo en un mundo de visión y de sonido, de ver para creer, no debemos tornarnos en esclavos de esos estímulos; más bien debemos responder al Llamado de Amor de los Corazones Unidos.
La Adoración Eucarística constituye el acercamiento más intenso a la Presencia de Jesús Eucaristía. En ese silencio sanador nuestro amoroso Redentor nos pide desde su Getsemaní, aún presente hoy, que velemos junto a Él: Amando, Reparando y Acompañándolo en su dolor, dolor invisible pero palpable para el corazón que, tocado por el campanario de su Llamado, sabe y conoce de su Presencia.
Almas, respondamos entregándonos a esta Hora Santa de Reparación con premura, que nuestro Señor no tenga que retornar repetidamente a despertarnos y a pedirnos que lo acompañemos.
¡Vengan almas! prestas… juntos, reparemos y amemos al Amor.
¡Paz y Alegría!
En los Corazones Triunfantes de Jesús y María
“Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré, Mi Espíritu sobre todo mortal y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños. Y también sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu…” (Hch 2, 17-18).
Desde el momento de la Encarnación del Verbo en el Vientre Purísimo de María, se inicia lo que conocemos como los “Últimos Tiempos” o “Últimos Días”. No hay que confundirlo con el fin del mundo; que sólo el Padre Dios conoce el día de la consumación.
El ángel, respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios” (Lc 1, 35). El Espíritu Santo de Dios al cubrir a María con su sombra en la Anunciación, estableció la Unión de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, para reestablecer en la humanidad y en toda la creación lo que habían perdido nuestros primeros padres: Adán y Eva. Todo por causa de la desobediencia a Dios y que dio origen al pecado y a la muerte. “El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo” (1 Jn 3, 8). Ha venido para que tengamos vida y vida abundante (Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia) (Jn 10, 10). Es el Camino, la Verdad y la Vida que conduce al Padre (“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”) (Jn 14, 6).
Toda su Vida Pública fue un mostrarnos el Rostro Misericordioso de su Padre. Jesús nos enseñó en la oración del Padre Nuestro, que pidamos su Reino y que se haga su Voluntad “Así en la tierra como en el cielo”. (Mt 6, 10).
Sabemos que, en ningún periodo de la historia pasada o presente de la humanidad, hemos aprendido a vivir en la Voluntad de Dios; pero eso no quiere decir que Dios Padre no pueda conceder en un futuro, el deseo de su Hijo Amado: “…para que todos sean uno como Tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado. Yo les he dado la Gloria que Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno…” (Jn 17, 21-22).
A través de los siglos, Dios ha suscitado en su Iglesia instrumentos proféticos que fueron en su momento perseguidos, difamados, censurados y muchos otros martirizados por su fe. Cuando un profeta es auténtico, Dios no lo libra de la Cruz; pero se encarga a su tiempo de mostrar su autenticidad. La lista en la Iglesia Católica es larga, sobre todo en cuanto corresponde a las revelaciones privadas. Por ejemplo, costó siglos que la Devoción al Corazón de Jesús fuese aceptada a nivel universal.
Los cuatro grandes Dogmas Marianos, fueron un largo proceso de controversias teológicas, antes que la Iglesia proclamase su definición.
Más reciente tenemos las revelaciones de Fátima, que aun cuando no sea dogma de fe creer en sus apariciones, no se puede negar el impacto universal y sobre todo en la Iglesia. De ella se refirió el Papa Emérito Benedicto XVI, quien afirmaba que Fátima es un tema no concluido. Es allí en Fátima donde se profetizó el Triunfo del Inmaculado Corazón de María. Ella se presenta con dolor en medio de la Primera Guerra Mundial y advierte, que si no obedecen su pedido como embajadora del Padre Dios vendría una Guerra peor; como ocurriría en la Segunda Guerra Mundial. Suplicó que dejáramos de ofender a su Hijo, que estaba demasiado ofendido.
San Juan Pablo II, estuvo muy vinculado a los acontecimientos de Fátima, ya que le atribuyó a la Virgen, de haberlo librado de la muerte el 13 de mayo de 1981. San Pio de Pietrelcina, también fue testigo del favor de la Virgen del Rosario de Fátima. Sabemos que todas las profecías están condicionadas a nuestra respuesta de arrepentimiento e invitan a la penitencia y conversión.
Recordemos el siguiente pasaje evangélico: “¿Pensáis que esos galileos, eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, se lo aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo. ¿O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitan en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (Lc 13, 1-5).
El Diario de Santa Faustina tuvo prohibida su divulgación por más de 20 años hasta que el entonces Cardenal Carol Wojtyla, hoy San Juan Pablo II, revocó por completo la prohibición. En él encontramos el siguiente mensaje de Jesús a Santa Faustina y al mundo: “Habla al mundo de mi Misericordia… es una Señal de los Últimos Tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia (Diario 848). Prepararás al mundo para mi última venida. (Diario 429) Habla a las almas de esta gran Misericordia Mía. Porque está cercano el día terrible, el día de Mi Justicia. (Diario 965).
Antes del día de la Justicia, envío el día de la Misericordia (Diario 1588). Estoy prolongando el tiempo de la Misericordia, pero ¡Ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita! (Diario 1160).
El Papa San Juan Pablo II, el día de la Canonización de Santa Faustina, el 30 de abril del 2000, domingo de la Misericordia; entre otras cosas, dijo en su homilía: “Jesús dijo a Sor Faustina: la humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a mi Misericordia (Diario 300). A través de la Obra de la Religiosa Polaca, este mensaje se ha vinculado para siempre al siglo XX. Último del segundo milenio, parte hacia el tercero”.
Todavía queda tiempo, que recurran pues, a la Fuente de Mi Misericordia (Diario 848). Quien no quiera pasar por la puerta de Mi Misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi Justicia… (Diario 1146).
Los mensajes conocidos como “Últimos Llamados de Amor y Conversión a la humanidad”, son una recapitulación de todas las Manifestaciones que están en fidelidad al Magisterio de la Iglesia y sometidos a su juicio definitivo.
El instrumento que Dios eligió para esta misión, se llama Manuel de Jesús; quien desde niño ha sido favorecido de gracias místicas. Hasta hace poco tiempo, estuvo en anonimato.
El 9 de abril de 2015 el Señor Jesús le dice: “Los Rayos de mi Misericordia, abrazarán al mundo entero que, con Amor que brota de mi Sagrado Corazón, disiparé todo el mal y las tristezas de aquellas almas que acepten mis palabras con la Santa Fe”. Y un año antes de que el Papa Francisco proclamase el año de la Misericordia, recibe el siguiente Llamado: “Mis queridos Hijos, estamos en los tiempos de la Misericordia, donde vendré a reunir a mi pueblo fiel, a aquellos que han tenido un encuentro vivo conmigo; seré Yo quien reuniré a mi rebaño junto a la Divina Pastora de las almas, que los conducirá, guiará y enseñará la Gloria de mi Reino, extendiéndose como una Llama de Amor en todos los corazones que crean en Mí… oren, oren, oren”.
Se me ha pedido, acompañar espiritualmente a este instrumento de Dios, y al Apostolado que se le ha confiado.
Todos aquellos que profesan, en cualquier parte del mundo, devoción y amor a los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María, son parte de este Llamado y apóstoles de los Últimos Tiempos, bajo la Fiel Protección y Custodia de nuestro amado San José.
Fiat, Fiat, Fiat.
- Teófilo del Consolador
San Pablo VI aprobó un decreto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (AAS, 58, nº 16, de 29-12-1966), permitiendo la publicación de escritos de esta índole que no contradijeran o pusieran en peligro la Fe y el Dogma de la Santa Madre Iglesia Católica.
DEVOCIÓN REPARADORA EUCARÍSTICA DE LOS SAGRADOS CORAZONES UNIDOS DE JESÚS Y DE MARÍA
Getsemaní del Apostolado de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María
Para Vigilias de Reparación los días jueves en las Horas del Getsemaní, (de las 9 a las 12 de medianoche) para los primeros jueves de cada mes y primeros viernes de cada mes y para las visitas a Jesús en el Santísimo Sacramento.
¡Ave María Purísima, sin pecado original Concebida!
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
† En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Abre, Señor, mis labios y mi boca proclamará tus Alabanzas.
Ven ¡Oh Dios! en mi ayuda. Señor, date prisa en socorrerme.
ORACIÓN POR LA INTENCIÓN DE ESTA HORA SANTA
Jesús, soy tu pobre nada, la más pequeña de tus creaturas; pero, en mi pequeñez, yo reconozco, con la asistencia del Espíritu Santo, tu grandeza y tu Amor infinito por mí, y deseo con mi pequeño corazón, rendirte todo el amor de mi corazón en reparación a tu Amor Divino, tantas veces rechazado, olvidado e ignorado.
Yo, ingrata creatura, deseo consolar tu Sagrado Corazón Eucarístico, tantas veces ofendido y traicionado, incluso por tus mismos amigos; adorarte en el Santísimo Sacramento donde estás realmente presente y darte todo el amor y la reparación por l os pecados contra la Santa Eucaristía , por la apostasía generalizada , por la pérdida de conciencia del pecado.
Jesús, en tu Divina Voluntad, quiero consolar tu Corazón Manso y Humilde con mis lágrimas de arrepentimiento, por los pecados contra la pureza, por el escándalo del mundo, mi amado Jesús. Y uniendo, a través del Espíritu Santo, mi corazón a tu Sagrado Corazón y a los Santísimos Corazones de Mamá María y del Padre San José, quiero reparar por los pecados contra la familia y la vida.
Jesús, quiero acompañarte en el Getsemaní de estos tiempos y velar y orar para permanecer junto a Ti durante toda tu Dolorosa Pasión Eucarística, y así, acompañar a la Santa Iglesia en el Camino de la Cruz, orando y reparando por todos los sacerdotes, religiosos y todos los bautizados, miembros de tu Cuerpo Místico.