4 de Agosto: Memoria Litúrgica de San Juan maría vianney
Santo Patrono de los Sacerdotes de los Últimos Tiempos
Un cura de aldea
Sus feligreses debieron pronto reconocer los méritos del cura que la Providencia les había enviado. Cuando le vieron transfigurado en el altar en que celebraba el Santo Sacrificio, cuando oyeron sus sermones muy sencillos, pero ardientes de amor de Dios y más todavía sus catequesis que ilustraba tanto a los grandes como a los más pequeños. Cuando se dieron cuenta de las mortificaciones, que se imponía por ellos. Cuando oyeron al demonio perseguirle, su estima aumentó y no tardaron en proclamar su santidad.
Luego fué nombrado párroco de Ars donde encontró a unos vecinos poco cristianos a los que pronto convirtió, tanto por su caridad y penitencias he- roicas, como por su predicación. El demonio envidioso de un tal resultado, le persiguió de mil maneras. Pronto acudieron de todas partes a su confesonario muchedumbres de gentes que venían a buscar junto a él la luz de la gracia de la conversión.
Acabado por las fatigas murió el 4 de Agosto de 1859 a la edad de 73 años. San Pío X le beatificó en 1905 y le nombró patrono de todos los sacerdotes de Francia que tienen el cuidado de las almas y Pío XI le canonizó el 31 de Mayo de 1925.
En aquel tiempo se olvidaban de comentar el Evangelio en los púlpitos y se predicaba sobre el pobre cura de Ars. ¡Oh, cuánta cruz debía yo sobrellevar!… ¡Me abrumaba tanto que casi no lo podía soportar! Comencé a pedir el amor de las cruces; entonces fui feliz.»
Para ti ha terminado ya el trabajo; mas desde el seno de tu reposo escucha a los obreros de la salvación implorar tu patrocinio; sosténles en tu misión cada día más ingrata, más llena de amarguras.
A aquellos a quienes la paciencia amenaza doblegarse ante la persecución y las calumnias, repíteles las palabras que tu decías a uno de tus predecesores: «Amigo mío, haz como yo. Me enfadaría si Dios fuese ofendido; más por otra parte, me alegro en el Señor de todo aquello que él permite se diga contra mí, porque las condenaciones del mundo son bendiciones de Dios. Las contradicciones nos colocan al pie de las cruces y las cruces a la puerta del cielo. ¿Acaso el que huye de la cruz, no huye de Aquel que quiso ser clavado en ella y morir por nosotros? ¡Qué la cruz haga perder la paz! Es ella la que ha dado la paz al mundo, y la que debe llevarla a nuestros corazones.»
Ayuda con tus súplicas ante el pie del trono del Señor las recomendaciones que el sucesor de Pedro sacaba de vuestro ejemplo, cuando decía a los sacerdotes:
«Sola la santidad puede hacer de nosotros lo que exige nuestra divina vocación, a saber, hombres crucificados al mundo y en los cuales esté crucificado el mismo mundo’, que no miran hacia el cielo más que en lo que Ies concierne, y no perdonan esfuerzos para llevar a los demás.»
Hombres de Dios ¿es necesario que se muestren únicamente aquellos que son la luz del mundo, la sal de la tierra, los embajadores de Aquel que se digna llamarles sus amigos, que les hace dispensadores de sus dones?
No serán ellos fuente de santidad como tienen que serlo para los demás, si en primer lugar no son ellos mismos santos en el secreto de la faz del Señor; en la medida en que ellos se den a Dios, Dios se dará por su medio al pueblo.
¡Oh, Juan María! Ojalá puedan decirse a sí mismos y decir a los demás contigo:
El hombre ha sido creado para el amor: por eso está tan dispuesto para amar; por otra parte, es tan grande que nada puede contenerle sobre la tierra. No está contento mas que cuando se dirige hacia el cielo.»
Conclusión
Su manera frontal y franca de abordar la verdad y hacerla prevalecer sin tapujos en sus impresionantes homilías lo ha hecho merecer ser proclamado el Santo Patrón de los Sacerdotes en la Iglesia universal, y confirmado como protector de los Sacerdotes de los últimos Tiempos en al apostolado de los sagrados corazones unidos de Jesús y María.
Oración
Amén.
4 agosto 2016 - LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DE SAN JUAN MARÍA VIANNEY
Mis queridos hermanos y hermanas, el Señor me ha escogido para ser el Santo Protector de los sacerdotes de estos Últimos Tiempos, que se han consagrado, no sólo como sacerdotes de los Últimos Tiempos, sino también como sacerdotes del Cordero de Dios que preparan el Triunfo del Cordero de Dios.
Mis queridos hermanos y hermanas, con vuestras oraciones ayuden a cada sacerdote de estos Últimos Tiempos. Y llénense, junto a ellos, del Fuego de un Nuevo Pentecostés.
El Santo Rosario y la Adoración Eucarística renovarán el mundo entero y prepararán para la Era de Paz y Amor de la Divina Voluntad.
Les entrego la Bendición de Cristo Sacerdote,
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Y yo, San Juan María Vianney ruego por todos los apóstoles de los Últimos Tiempos al Corazón Eucarístico de Jesús. Paz.
San Juan María Vianney
Protector del Apostolado y del Ejército Sacerdotal de la Obra Magna
San Juan María Vianney es el santo protector del Apostolado y del ejército sacerdotal de la Obra Magna porque toda su vida fue un reflejo vivo de aquello que los Sagrados Corazones desean para los sacerdotes de los Últimos Tiempos: amor ardiente por la Eucaristía, fidelidad absoluta a la Iglesia, penitencia por la conversión de las almas y entrega total al ministerio sacerdotal.
El Cura de Ars transformó una pequeña aldea mediante la oración, la adoración eucarística, el sacrificio y el confesionario. Pasaba largas horas ante el Santísimo Sacramento y ofrecía sus sufrimientos por la salvación de su pueblo. Su misión consistió en conducir las almas hacia Cristo, especialmente a través de la reconciliación y de la Eucaristía.
Los Llamados de Amor y Conversión revelan que, en estos Últimos Tiempos, el Señor desea formar «sacerdotes del Cordero de Dios» que preparen el Reinado Eucarístico de Jesucristo. San Juan María Vianney fue escogido como protector de este ejército sacerdotal porque encarnó, antes que muchos otros, el espíritu que debe animar a los sacerdotes del remanente fiel: ser hombres de oración, de cruz, de reparación y de santidad.
Además, su propia vida manifiesta el camino que la Obra Magna propone a sus sacerdotes: abrazar la pequeñez, aceptar las contradicciones, vivir unidos al Corazón Doloroso e Inmaculado de María y dejarse consumir por amor al Corazón Eucarístico de Jesús. Aunque fue considerado pobre e incapaz a los ojos del mundo, Dios hizo de él un instrumento para convertir multitudes y renovar la fe de innumerables almas.
Por eso, San Juan María Vianney no es solamente un modelo de sacerdote; es el custodio espiritual del ejército sacerdotal de la Obra Magna, porque enseña que el verdadero triunfo del Cordero no se construye con el poder humano, sino con la santidad, la adoración, el sacrificio y el amor a las almas.
Así, el Santo Cura de Ars continúa intercediendo para que los sacerdotes de los Últimos Tiempos sean los primeros apóstoles de los Sagrados Corazones Unidos y extiendan por toda la tierra el Reinado Eucarístico del Cordero de Dios.