La oración no ha sido base fundamental de sus vidas.
Queridos hijos, los contemplo con ternura de Madre y al verlos a cada uno, de manera única y especial, se entristece mi Corazón, porque no han abierto sus corazones y no me han dado el permiso para que Yo les dé a conocer el Amor de Jesús.
He venido a insistir ¡cámbien! Mi Hijo Jesús me envía por ustedes y lo que les trasmito es lo que Dios me ha pedido trasmitirles.
Jesús los ama, pero sus corazones no aman a Jesús como Él lo quiere.
La oración no ha sido la base fundamental de sus vidas y como no han orado con el corazón, no han visto frutos, porque cuando oran, a veces solamente, se buscan a ustedes y no a Dios. Y la oración es un despojarse totalmente para adherirse al Corazón de Dios.
Pequeños, mi preocupación es infinita. ¿Es que no basta mi invitación y mi Palabra? No cumplan lo que dice la Escritura: tienen ojos, mas no ven, oídos, mas no oyen (San Marcos 8, 18).
No, hijos míos, no permitan que la sordera y la ceguera, unidas a la necedad humana, los alejen del Camino de Dios. Yo vengo a indicarles el Camino, yo vengo a llamarlos a que regresen al Camino del Evangelio, de las buenas obras, del amor (Hebreos 10, 24).
Hijos míos, como Madre Intercesora y Corredentora, seguiré insistiendo, seguiré dando mi Palabra, para que los hijos que quieran oírme me oigan (Proverbios 1, 8).
Y a ti, pequeño embajador de nuestros Sagrados Corazones, en tu corazón hablamos continuamente. Hijito, tú puedes y debes corregir y enseñar, corregir al que yerra y enseñar al que no sabe son actos de misericordia y de amor; y tú puedes y debes corregir al que está mal, enseñar al que no sabe y proponer al que sabe, pero no quiere cambiar (Gálatas 6, 1).
Pequeños, nuestros Sagrados Corazones les bendicen con Amor, pero también con Dolor, les doy mi Bendición Maternal.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
