Pequeña nada de mi Sagrado Corazón Eucarístico:
Las dos grandes advocaciones: mi Sagrado Corazón Eucarístico y el Corazón Doloroso e Inmaculado de María, ya han sido entregadas a la Iglesia Universal y a toda la humanidad (Apocalipsis 5, 5).
Estas advocaciones están proféticamente anunciadas en las Sagradas Escrituras en el libro de Apocalipsis desde que mi Madre por primera vez reveló el título dado por nosotros, la Trinidad Santísima:
Corazón Doloroso e Inmaculado de María. Desde ese instante la Gran Señal, la Mujer Vestida del Sol, apareció, para que todo el mundo la contemple y sobre todo la escuche (Apocalipsis 12, 1).
Y mi Sagrado Corazón Eucarístico, que es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo y que está reuniendo a su ejército blanco purificado por mi Sangre Preciosa (Apocalipsis 7, 12; Apocalipsis 14,1).
Nuestros Dos Corazones son las dos lumbreras que iluminan a la Iglesia y a la humanidad (Apocalipsis 11, 4). Y estas revelaciones privadas son un don, un regalo, un obsequio, una gracia de la Misericordia Divina para todos los hombres.
Por lo tanto, nuestro Llamado de Amor y de Conversión son el epílogo final (Apocalipsis 10, 5) antes del triunfo del Corazón de mi Santa Mamá y del Reino Eucarístico de mi Corazón.
En este tiempo de misericordia, mi pequeña nada, deben agradecer a la Misericordia de Dios por la manifestación del Ángel de la Paz en Portugal, por el tiempo jubilar de su manifestación en Fátima. Y orar las oraciones de reparación que por medio de él entregamos a los pastorcitos y al mundo, y que, en el Apostolado, han sido reveladas y cumplidas en plenitud.
También mi pequeño instrumento, lo que mi madre inició hace 100 años en Pontevedra con la revelación de los primeros cinco sábados de mes, se continúa y se ha completado a través de la obra del Apostolado, pidiendo que, de manera perpetua, cada primer sábado de mes se honren los cinco dolores causados por las blasfemias sufridas y por el Corazón de mi Mamá Santa, que es atravesado con la ingratitud.
Por eso, mi pequeña nada, el resto fiel de Jesús y de María está llamado a vivir de manera intensa y extraordinaria este tiempo de gracia y misericordia en honor de las manifestaciones de Nuestra Señora en Pontevedra.
Mi pequeño hijo, crucificado conmigo y por mí, solemnemente te digo: Lo que nuestros Dos Corazones pidieron en Pontevedra, lo realizamos plenamente en nuestro Llamado de Amor y de Conversión. Lo que Paray-le-Monial fue para mi Sagrado Corazón Eucarístico. Y lo que Fátima-Pontevedra y tú son para el Corazón Doloroso e Inmaculado de mi Santa Mamá, lo es ahora, en una sola, única y gran revelación: el Apostolado, los Llamados, el Jardín, la Fuente de Agua y la Casa de nuestros Sagrados Corazones Unidos.
Es el cumplimiento de la devoción a los Sagrados Corazones Unidos por el Espíritu Santo que salvará a la Iglesia y a la humanidad (Apocalipsis 8, 1).
Estas dos grandes devociones profetizadas ahora son una única y gran devoción por voluntad suprema de mi Padre Tierno y
Misericordioso.
Te bendigo, mi pequeño, que te ofreces en oblación por esta misión de amor y salvación.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
