15 Septiembre 2014 – Llamado de Amor y Conversión del Sagrado Corazón de Jesús

15 Septiembre 2014 – Llamado de Amor y Conversión del Sagrado Corazón de Jesús
Mi santo Apostolado (vigilia de Getsemaní por el Triunfo de los Sagrados Corazones)
Gracias, queridos hijos, por acompañarme esta noche. Soy Jesús Agonizante, El que les cubre a todos con su Preciosa Sangre. Les entrego la rosa de la perfecta pureza.

Aprended de Mí que soy manso y humilde de Corazón. Hoy no sólo queden consagrados a Mí, también son los apóstoles, son los misioneros de la renovación del tiempo y de la Iglesia. Este santo Apostolado que encomiendo a mi siervo Manuel, el nuevo Elías, deben llamarse apóstoles de los Sagrados Corazones Unidos y apóstoles de los últimos tiempos. Luchen como apóstoles por todos mis pedidos e intenciones. Deseo que se conviertan en un real y vivo Apostolado. Difundan mis mensajes. 

El objetivo de enviar a Mi Madre al mundo, a través de este Apostolado, es para reanimarlos en la oración, sacrificio y penitencia. Consagrad el mundo a Nuestros Sagrados Corazones. San Luis de Montfort había profetizado este grande Apostolado. Sea realizado.

Preparen al mundo para Mi Segunda Venida. Todos los mensajes que doy, los repito una última vez a mi siervo Manuel. Los apóstoles que llevarán a cabo la última evangelización en toda la tierra. 
Quiero que estén dispuestos a consolar a Mi Padre.

Mi Corazón les ama y bendice. Recen siempre el Salmo 27. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 

Consagración a los Corazones Unidos de Jesús y María: 

Queridísimos Corazones de Jesús y María que tanto aman y que tanto sufren, tomad mi cuerpo y mi alma, elevadme a la Sacrosanta y Trinitaria Gloria. Yo (nombre) quiero consagrarme a Ustedes en cuerpo y alma, entregar mis obras y mi vida para ser apóstol de Vuestros Corazones Gloriosos. Consagro mi nación (nombre), mi familia, mis actos y todo mi ser, lo que tengo y lo que hago. Cubro mi consagración con la Preciosísima Sangre de Cristo y la protejo con las Lágrimas de la Divina Señora, la resguardo con la espada de San Miguel para vivir en la Divina Voluntad haciendo, amando, sirviendo, viviendo y entregándome desde hoy hasta el día de mi encuentro pleno con Cristo. Amén.