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16 Agosto 2017 – Llamado de Amor y Conversión del Casto y Amante Corazón de San José

16 Agosto 2017 – Llamado de Amor y Conversión del Casto y Amante Corazón de San José

Manuel de Jesús:

San José vino vestido de blanco, capa dorada, su Corazón en el pecho. En su mano derecha tres lirios grandes en una sola rama, y una corona de lirios en su cabeza.

El padre San José dijo algo que me impresionó:

«TODAS LA REVELACIONES DE ESTE SIGLO HAN PREPARADO LA LLEGADA DEL APOSTOLADO, INCLUSO LOS MENSAJES DE LA REINA DE LA PAZ SON PREPARACIONES PARA ESCUCHAR Y SER PARTE DE
LOS LLAMADOS DE AMOR Y CONVERSION»

San José:

Pequeño mensajero del Carmelo recuerda la escena del Profeta Elías orando en el Monte, una pequeña nube se levantó desde el mar hacia el cielo. Esto lo contemplaba el Profeta Elías, quien descubrió en ese signo un mensaje escondido de Dios. Eso que miró el Profeta Elías, la nube que se alzaba hacia el cielo, es una profecía de la Asunción de la Santísima Madre al Cielo.

Ahora nos dirigimos a Jerusalén: la Madre suspiró lentamente mirando al cielo, cerró sus ojos y durmió. Todos los creyentes lloraron por su Madre:
Apóstoles, discípulos, las piadosas mujeres, los nuevos cristianos, se reunían para dar un último beso de amor a la Reina.

Los Apóstoles cargaron el cuerpo de nuestra Madre hacia un sepulcro, muy cerca del sepulcro donde fue colocado el Cuerpo de Jesús. Y allí, Pedro, Juan, Santiago pusieron el cuerpo de la Virgen, piadosamente, dentro del sepulcro; un aroma a rosas se extendía sobre todo el lugar. Los reunidos ahí, podían escuchar Cantos Celestiales.

Depositaron el cuerpo, cerraron el sepulcro y alrededor de él, cantaron, oraron, esperaron. La Señora fue llevada al Cielo por una Legión de Ángeles. Jesús también bajó del Cielo para recibir a su Madre.

En la Puerta del Reino, estaba Yo, San José, para recibir a mi Madre, a mi Reina, a mi Esposa, fue un Día Solemne en la tierra y en el Cielo.

Todos los bienaventurados contemplaban y decían: ¡Allí está la Señora! ¡Ahí está la Corredentora! ¡Ahí está la Madre del Universo! ¡Dulce María! ¡Hermosa María! ¡fuiste glorificada por tu humildad, fuiste glorificada por ser tan pequeña en todo, fuiste glorificada por humillarte continuamente!

Hijos:

Los hombres cometen el error de imponerse, cometen el error de trasmitir miedo para ser respetados y no, hijos, el hombre y la mujer de Dios, son amados por su servicio.

El poder de todo cristiano, y de todo hijo de María, está en ser humillado, en servir.

La pequeñez, al igual que la pequeña María, es el arma que doblega las torres orgullosas, porque, en María, los humildes servidores de Cristo contemplan también la Gloria que les espera.

¡Salve Reina! San José, te recibe y te saluda.

Hijos muy amados de María:

¡Mírenla, imítenla y obedézcanla!

Los bendigo con alegría.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.