Alabado sea el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesucristo.
Mi amado hijo, es deseo de la Divina Providencia seguir renovando este Llamado de Amor y de Conversión.
Hijito, todas las apariciones que has recibido, todos los Llamados que se te han transmitido, todas las Devociones que se te han revelado, en fin, hijito, toda la Obra del Apostolado es un único llamado, un llamado de amor y de conversión, es el último llamado a la humanidad.
Mi pequeña nada, por eso, en este lugar santo que el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús y mi Doloroso e Inmaculado Corazón han hecho su Cenáculo Sagrado, nuestro amor es uno solo y se expande a todos los corazones, pero solamente reciben este Amor quienes creen y están dispuestos a escucharnos.
En esta Casita Sagrada hemos hecho nuestro Cenáculo para reunir a todos mis hijos, a toda la Iglesia, a todos los hombres, a todos los pueblos y naciones en un solo clamor:
¡Venga tu Reino Eucarístico!
Y en este Santo lugar también hemos erigido el Jardín de los Últimos Tiempos, el Jardín donde Dos corazones están reparando por la humanidad, el Jardín donde se levanta un árbol glorioso que es la Cruz.
Este Jardín, mi pequeña nada, es el Jardín de los Últimos Tiempos, los Dos Corazones es el Corazón Eucarístico del Nuevo Adán, Jesucristo, y el Doloroso Inmaculado Corazón de la Nueva Eva, la Corredentora. Y el Árbol es ahora la Cruz Gloriosa.
Y desde este Jardín de Nuestros Sagrados Corazones Unidos, hemos pedido que se suministre agua, porque el agua que es bebida de mi Jardín es un Agua de Gracia y de Misericordia, reservada para todos los enfermos del alma y del cuerpo, reservada para toda la tierra, para todos los hombres.
Desde este Cenáculo, desde este Jardín, desde esta Fuente de Agua de Nuestros Sagrados Corazones Unidos, la Mujer vestida del Sol está expresando los gritos de parto de su Corazón, que son mis Llamados de Amor y de Conversión.
Con la Alianza de nuestros Dos Corazones bendigo a todos mis hijos.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
