Queridos hijos, servir a Jesús es servir a María. Para servir a Jesús es necesario primero encontrarse con Nuestra Señora. Quien sirve a Jesús es porque ya se ha consagrado al Corazón Inmaculado de la Santísima Madre. Pero encontrarse con María es imitar a María, es encontrarse corazón a Corazón con María. No pueden servir al Señor si no han cambiado sus corazones. No pueden servir a Jesús si la vanidad, el orgullo, la ira, la impaciencia y pecados como éstos dominan sus vidas. El que se ha encontrado con María, para servir a Jesús, es humilde, piensa antes de hablar, es obediente, vive en la paciencia, no se deja dominar por los impulsos, las pasiones de la ira o de la carne.
Servir a Jesús y encontrarse con María significa ser santos, y ser santo hasta en el más mínimo pensamiento. Porque la santidad es santidad cuando es completa. La mediocridad no es agradable a los ojos del Señor. Se es santo cuando verdaderamente se es santo, cuando sus pensamientos, sus palabras o sus mismas actitudes reflejan santidad.
Sigan mi ejemplo. Nuestra Señora me transformó, me cambió, me educó, para servir como padre nutricio a Jesús. ¡Oren! ¡Sean humildes! ¡Vivan en la sencillez!
Les doy la bendición de la Sagrada Familia.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
