Ven y sígueme.
Ven y sígueme, alma, mi Sagrado Corazón está enamorado, deseoso y anhelante de tu amor. Yo te he mirado con misericordia, te he perdonado, he curado la lepra de tu corazón, pero a veces te comportas como aquellos paralíticos que dudaban de su sanación, o como aquellos leprosos que sólo uno se acordó de agradecer (San Lucas 17, 16).
He venido a tocar tu corazón y te he llamado, te he llamado para que me conozcas y para que te encuentres con mi amor infinito.
Alma, ¿qué te ha detenido? Tú sabes bien qué te ha detenido y por qué te cuesta responder a mi amor.
Apóstoles de mi Corazón, ¡vengan y síganme! No tengas miedo de tu Dios. Él no viene a juzgar, Él viene a perdonar, porque he venido a llamar a los que más necesitan de mi Misericordia.
¡Ven y sígueme! Y sabes que seguirme también implica renunciar, principalmente al pecado.
Las almas que no renuncian a su razón, que no se doblegan por su orgullo, que no escuchan por su soberbia, esas almas no pueden seguirme porque eso pesa sobre ellas y les impide caminar, pero las almas despojadas, confiadas, las almas que son capaces de ser humildes, ellas sí pueden seguirme porque nada pesa sobre sus hombros y pueden dar bien el paso y caminar libremente.
Apóstol de mi Corazón, nuevamente te digo, ¡Ven y Sígueme! Porque, aunque tú no quieras amarme, Yo sí quiero y necesito amarte, porque mi naturaleza también es el amor. Yo necesito dar amor y cuando tú me hayas seguido, vas a dar amor.
Porque el Evangelio se resume: ¡amar a Dios y amar a tu prójimo! Porque en el prójimo, está la imagen de Dios. Y el mejor Evangelio que en estos Últimos Tiempos se puede seguir no es el de la palabra, sino el de la obra, el de la práctica. Y los otros verán tu luz, la Luz que Yo te he dado y también ellos, si quieren, podrán seguirme.
Pero a ti alma ¡ven y sígueme!
Derramo mi bendición misericordiosa sobre toda la humanidad, desde este, mi Santuario Espiritual de los Últimos Tiempos.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
