23 Diciembre 2017 – Llamado de Amor y Conversión de la Madre de la Dulce Espera

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Flecha blanca
Queridos hijos, como Madre de la Dulce Espera, los invito a abrir el corazón a la esperanza. La esperanza y la fe unidas dan fuerzas a Mis hijos a caminar. La esperanza y la fe animan a Mis hijos a no apartarse del camino del Evangelio. El que tiene esperanza y fe no rechaza la cruz, espera en el Señor y confía en su Misericordia. La esperanza, hijos Míos, es confianza, el que espera confía.

Hijitos, los invito a confiar, confíen en Mi Hijo. El los Ama con Amor Infinito, su Amor no cambia, no es condicional, es un Amor gratuito, perdurable, eterno. Confíen en Jesús, Él se ha abajado a la condición de Creatura, solamente por Amor, y este Amor merece toda la confianza.

Muchos hijos Míos no confían en Jesús, oran, pero oran desconfiando, oran desesperados, oran sin amor, y esta oración es una oración seca y sin vida.

Mas la oración que se hace en esperanza, es una oración que llega al Padre, que glorifica la Omnipotencia, la Omnisciencia y la Omnipresencia de Dios. Esperen en Dios, confíen en Mi Hijo y librarán su vida de la amargura, de la desesperación.

Soy Madre de la Dulce Espera, también espero con Mis hijos al Mesías que nazca. Yo espero que Jesús nazca en sus corazones. Estoy sin cesar a la par del corazón de Mis hijos, para que den lugar a la Vida de Dios, a la Gracia, a la Reconciliación.

Pequeño, la Encarnación mística de Nuestros Dos Corazones en tu corazón, es un signo de esperanza, es Dios que abraza la creatura para transformarla toda en Él, pero también para que esta creatura sea un rayito de luz para las demás almas. La Encarnación mística, además de ser una Alianza de Corazones, de Tres Corazones, es una luz de esperanza para las almas, para que confíen y crean que Jesús está vivo y está también con todos Mis hijos.

Reciban en sus corazones al Príncipe de la Paz, y cuando lo reciban no lo guarden para ustedes, también llévenlo a los demás. 

Les doy Mi Bendición Maternal, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.