Esclavo de mi Cruz.
Mi pequeño lirio, esclavo de mi Cruz, pequeño lirio, que, entre tantas espinas, consuelas mi Corazón. Ven conmigo y vayamos al huerto, postrémonos por tierra y digámosle a Papá: perdón, Padre, perdón.
Querido hijo, hoy en día, Getsemaní se ha extendido en la gran mayoría de los corazones, especialmente en los corazones que, comulgando mi cuerpo y mi Sangre, no se transforman en Mí.
Hoy, Getsemaní, se ha replicado en cada acto de irreverencia, de irrespeto y de indiferencia a la esencia de Dios.
Hoy, Getsemaní, también son las almas que escuchan mis Llamados de Amor y de Conversión y no los mueven a cambiar.
Ven, pequeño hijo, y estaremos tres: Yo, tu Jesús, el Santo Padre y tú; llorando y pidiendo perdón por los pecados del mundo.
Hijo, me atraviesa mi Corazón, cuando un alma cristiana de lo último que se acuerda es de su Cristo y de lo que les enseña.
Por eso, hijo de mi Sagrado Corazón, toma mi mano y vamos a Getsemaní y los dos agonicemos por la dureza de los corazones humanos.
Digámosle al Padre, hijo: Abba, Papá Celestial, que se haga siempre tu voluntad.
Derramo sobre el mundo entero, querido hijo, Mi Bendición y mi Misericordia.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
