El egoísmo domina esta generación.
Queridos hijos, mi Corazón Inmaculado desea, con tanta alegría y urgencia, la conversión de corazón. Sus corazones están muy humanizados, no pueden ver más allá. Todavía no han aprendido a perdonar ni a pedir perdón, no han aprendido a servir ni a ser humildes. La soberbia de la vida tiene atados los corazones, no los deja ensancharse y abrirse al amor de mi Hijo, porque el egoísmo es el que domina a esta generación. Los corazones escuchan mis Llamados, pero la voluntad no está dispuesta a vivir lo que les pido.
Yo deseo, hijos, que vivan en santidad, y la santidad no sólo en la vida de oración, la santidad también se practica desde la lengua hasta el corazón. Hijos, ¡iluminen sus vidas! Mi Luz, en mis Llamados de Amor y de Conversión, les está siendo otorgada. ¡Tomen esa Luz! Iluminen la oscuridad de su interior, de la mente y del corazón, para que el Evangelio de mi Hijo, que es lo que yo vengo a transmitir, sea el centro de sus vidas y den testimonio del Amor de Dios.
Pequeños, ¡decídanse por el amor! ¡decídanse a amar! Decídanse a buscar la Gloria de Dios y a consolar a Jesús que ya está muy herido por todos vuestros pecados. Pidan perdón de corazón y serán escuchados, y arrepentidos acudan a la confesión. Reconcíliense con Dios y también con el hermano, porque también en su prójimo está la imagen de mi Hijo Jesús. Los invito. ¡abran su corazón a mis Llamados!
Les doy mi maternal bendición.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
