Hijos amados, el Apostolado es el fruto de la alianza de mi Sagrado Corazón con el Inmaculado Corazón de mi Santa Mamá.
Estos Dos Corazones fueron unidos proféticamente por el Padre Misericordioso en la creación[1].
Y con estos Dos Corazones cierra la Sagrada Escritura anunciando a la Mujer Vestida del Sol que vence al dragón, y al Cordero que, después de haber sido sacrificado, reina en el Trono del Padre[2].
Estos Dos corazones, unidos al principio y unidos en la plenitud de los tiempos, han reunido su descendencia, su raza, su pueblo. Son los apóstoles de los Sagrados Corazones, a quienes reúno, llamo, formo, educo, guío, enseño y envío para que hagan reinar mi Corazón Eucarístico, para que hagan triunfar el Corazón Corredentor de mi Mamá Inmaculada.
Con la alianza de nuestros Sagrados Corazones, los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
[1] Genesis 3, 15
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar
[2] Apocalipsis 12, 1-2 y Apocalipsis 12, 10-12
10 Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: «Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.
11 Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte.
12 Por eso, regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y del mar! porque el Diablo ha bajado donde vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo.»
