Yo no seré su juez, sino un padre que abraza.
Mi Sagrado Corazón es una fuente eterna de misericordia. Yo pido que todos los hombres, especialmente los que están más empecinados en pecar, se acerquen a mi Corazón. Yo no seré su juez, sino un Padre que abraza, que perdona y que anima a que sigan adelante caminando, perseverando (Proverbios 3,12). Yo amo inmensamente a todas las almas, pues me entregué con amor y sin reserva para que todas fueran salvadas. Confíen más en mi Corazón.
Queridos hijos, comprendan que en la Santa Eucaristía los nutro con mi propio Corazón, para que ustedes tengan fuerzas y también porque Yo he deseado quedarme, no solamente con ustedes, sino dentro de ustedes (San Mateo 28,20).
Permitan que mi Espíritu Santo sea el alma de sus almas, la vida de sus vidas y el centro de todo su ser.
Queridos hijos, mi Mamá celestial ha buscado darme a conocer y a amar; ¡escúchenla!, que, por haber ignorado a mi Madre, el mundo se aleja más de Dios. No ignoren a mi Madre, ¡obedézcanla! Ella los quiere conducir, ya no solo de su mano, sino desde su Corazón hacia Mí. Escuchen, pueblo de Dios, Yo soy Jesús y mi Corazón les ama y deseo ser amado también; correspondan al Amor de Dios.
Los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
