El gran acto de la humillación de Dios
Hijito de mi Sagrado Corazón, mi vida fue siempre un sacrificio permanente de expiación, de reparación y para saldar las deudas que la humanidad contrajo con mi Padre Eterno (Colosenses 2, 14).
Quiero que todos los hombres mediten en el gran acto de la humillación de Dios (Filipenses 2, 8). Era Dios junto a mi Padre, y el Padre, por medio del Espíritu Santo, me envía a la humanidad, primeramente, al seno de la más pura, de la más bella, de la más humilde de las criaturas (San Lucas 1, 31-35).
El Espíritu Santo libró a mi Mamá Celestial del pecado original (San Lucas 1, 28) para, por medio de Ella, custodiarme y que se cumpliera la Escritura del Cordero sin mancha que salvaría a la humanidad (1 Pedro 1, 19). ¿Saben lo que significa que Dios Todopoderoso se rebajara a una criatura? ¿Saben que muchos ángeles en el Cielo no podían concebir que Dios se hiciera criatura? Y muchos ángeles se rebelaron por esa voluntad de mi Padre. Fue un dolor tan infinito para Mí y para mi Padre bajar hasta la criatura humana sumergida y ahogada en el pecado (Filipenses 2, 7).
Desde que fui concebido en mi Madre, empezó mi agonía, mi dolor… porque en el seno de mi Madre me desprendí de mi divinidad, me desprendí de mi condición para hacerme uno igual a ustedes, menos en el pecado, ¡pero igual a ustedes! Para poder reparar lo que ustedes destruyen con el pecado (1 Juan 3,5).
El pecado es un movimiento, es un acto que arrastra a otros pecados de tal forma que toda la humanidad está contaminada porque un pecado da origen a otro pecado (Isaías 64. 6). En la Cruz los redimí, pero, sin embargo, el hombre orgulloso como Satanás, orgulloso desde el principio, no quiere aceptar su pecado, pedir perdón y regresar a mi Padre.
¡Humanidad! Eres solamente una criatura, y te volviste tan orgullosa; y Yo, que soy Dios, soy el más humilde, manso y obediente de corazón.
¡Almas humildes, regresen a la Casa del Padre!
Yo, Jesús, el humilde de corazón, los amo, los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
