El Don de la Rendición al Amor Eucarístico y el Don de sentirse amado.
Pequeña nada de Nuestros Sagrados Corazones Unidos.
Hoy es un aniversario más de la misteriosa Encarnación de Nuestros Dos Corazones en tu corazón.
Nuestros Dos Corazones hacen que tu corazón sea más pequeño y nuestros Dos Corazones envolviendo el tuyo, lo abrazan del Amor Divino. Para que Nuestros Dos Corazones pudieran encarnarse místicamente en tu corazón, tu corazón, tu voluntad, tu libertad, tú mismo, debió hacerse niño, pequeño, nada.
Y es así que, con ayuda de la Gracia de mi Espíritu, te hiciste niño, te hiciste nada y al ser nada Nuestros Dos Corazones se han hecho todo dentro de ti.
Tú nos das tu nada y la Santísima Trinidad te dio el todo por medio de la Alianza de Nuestros Dos Corazones.
Esta Encarnación misteriosa tiene dos efectos: Eucaristizar e Inmaculatizar.
Eucaristizarte es hacer que viva Yo en ti y tú ya no vivas más. Y eucaristizarte en esa transformación, porque solo a través de la Comunión de mi Cuerpo y de mi Sangre te eucaristizas e inmaculatizas tu Corazón transfigurado con mi Divino Corazón, alimentando esa Encarnación mística con la recepción del Divino Sacramento de la Eucaristía, eucaristizando de raíz tu ser; entonces tus obras se vuelven inmaculatizadas, es decir, que todo lo que haces, obras, hablas, trae el sello del Fiat de la Madre de Dios. Por lo tanto, también te vuelves copia viviente de María, pero esta Encarnación mística en ti no es para ti, pequeña nada, solamente eres un testimonio viviente de la Misericordia.
Esta Encarnación mística es para el mundo entero, de modo que todo el mundo se eucaristice y todo el mundo se inmaculatice.
Pero en este día, regalo a tu alma, unido al don de la Encarnación Mística, el don de la rendición al Amor Eucarístico y el don de sentirte amado.
El don de la rendición es dejarse vencer por mi Amor, que ya no empuñes el arma de la espada de tu voluntad humana y el escudo de tu egoísmo, ni el calzado de libre albedrío.
El don de la rendición al Amor Eucarístico es rendirte y saber que Yo venzo, pero desde el Amor venzo, no desde la fuerza.
Yo venzo con mi Amor y tú te rindes a Mí y entregas las armas de la voluntad humana egoísta y me entregas tus armas en confianza total, bajando la guardia incesante en la que vive tu voluntad humana.
Y al rendirte y entregarte y dejar que Yo venza, recibes el don de sentirte amado. Tú te sentirás amado, deseado, anhelado, soñado, querido, aceptado, rescatado, perdonado, redimido, eucaristizado e inmaculatizado.
Y al sentirte amado, entonces encontrarás toda la plenitud en todos los vacíos de tu alma y de tu corazón.
Rindiéndote, me dejas vencerte y al rendirte te dejas amar.
Y al sentirte amado por Mí, allí sí podrás entender que nada falta, que nada perturba, que todo pasa y que solo mi Amor basta.
Al sentirte amado por el Amor Trinitario, tendrás todo y sobrará todo, confiarás en todo; y la preocupación, la ansiedad, la zozobra se irán porque estarás rendido a mi Amor, porque te sentirás amado y en ese sentirte amado te sentirás pleno.
Y al sentirte pleno experimentas que de verdad solo Dios basta.
Y este es el don, mi pequeña nada, que te regalo en este aniversario, el don de la rendición al Amor Eucarístico y el don de sentirte amado.
Pero te lo revelo a ti, pero para que lo lleves a todos.
Que todos se rindan a mi Amor y que todos se sientan amados en plenitud, bajando las armas de su voluntad humana egocéntrica.
Solo el Amor Trinitario basta.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
