Amado rebaño de mi Sagrado Corazón Eucarístico, la Pascua para los apóstoles de nuestros Sagrados Corazones debe ser la mayor de las solemnidades, porque en ella celebran el misterio del triunfo definitivo de mi Sagrado Corazón[1][2].
Con mi santa resurrección he vencido al demonio, he vencido al mundo, he vencido al pecado. Y mi santa resurrección es la realización plena del Reino de mi Sagrado Corazón. Por eso la Pascua es la victoria eterna del Sagrado Corazón Eucarístico del Cordero2. El Cordero inmolado está de pie reinando porque ha vencido y el nombre de este Cordero debe ser exaltado, conocido, adorado en toda la tierra: Sagrado Corazón Eucarístico de Jesucristo[3]. Yo soy el Cordero que quita el pecado del mundo.
Los amo y los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
[1] San Juan Crisóstomo (Homilías pascuales) «Cristo resucitó y los demonios cayeron. Cristo resucitó y los ángeles se alegran. Cristo resucitó y la vida reina».
[2] Corintios 15, 54-57
«La muerte ha sido devorada en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?… ¡Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!»
[3] Apocalipsis 5, 6.12
