Hijos muy amados, en este misterio de la plenitud de los tiempos[1], he estado guiándolos, conduciéndolos y mostrándoles el camino de la vida eterna y todo esto de un solo acto de santidad. Este acto de santidad divina es la Alianza de los Dos Corazones.
Mi voluntad divina deseó que desde el principio del mundo la esperanza[2] de la salvación estuviera ligada, unida y dependiente de la mujer y su descendencia. Es decir, María como criatura no era necesaria, no la salvación, pero ella, el medio que escogí uniéndola al misterio salvífico. Así que la mujer aplastará la cabeza de la serpiente con su FIAT, su FIAT que hecho carne, Jesucristo.
Por eso, ese fiat de esta criatura purísima fue el puente de salvación para los hombres, en la puerta por la cual mi Hijo, el Espíritu Santo y Yo entramos a la humanidad.
Esta Alianza de los Dos Corazones es entonces la esperanza, el remedio y el camino. Invoquen mi nombre: Dios Padre Tierno y misericordioso. Decir: Abba, es decir Padre Tierno y Misericordioso.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
El instrumento:
Hermanos y hermanas, hemos concluido nuestro Cenáculo Eucarístico. Hora Santa. Al final vamos a recibir la bendición sacerdotal. Solamente tres palabras. Dios Padre ha venido muy… ha estado muy feliz por la asistencia de todos. Ha regalado muchos milagros. Y también me ha dicho que les anime y que les diga que en la medida que se entreguen a la Obra, en esa misma medida verán más milagros. Entréguense a la Obra y verán milagros de parte de los Sagrados Corazones Unidos. Confíen. Hagan la prueba. Hagan la prueba.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
[1] Catecismo de la Iglesia Católica, 456-460: el motivo de la Encarnación.
[2] Génesis 3, 15: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya».
Isaías 7, 14: «La virgen concebirá y dará a luz un hijo».
