30 de marzo de 2026 – LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

30 de marzo de 2026 – LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

Pequeño rebaño de mi Sagrado Corazón Eucarístico.

Betania, para mi Corazón, era la primicia del Cenáculo. Muchas veces mi Madre y Yo nos reuníamos con Lázaro, sus hermanas y mis discípulos en Betania para amar a Dios, para escuchar al Verbo; eso es el Espíritu profetizado en Betania del Cenáculo: amar a la Santísima Trinidad y escuchar a la Sabiduría Encarnada que soy, Yo.

Hijos míos, unjan mi Corazón traspasado con el perfume de su conversión del Corazón. Unjan mi Corazón traicionado con el perfume de su fidelidad. Unjan mi Corazón lastimado con el perfume de su voluntad en oblación por mi Reino y por su propia santidad de vida.

Perfume con el óleo suave de las oraciones de los Últimos Tiempos entregadas a la humanidad, ahora, por medio de Nuestros Sagrados Corazones Unidos, con la reparación, con la adoración, con la alabanza y con la intercesión1.

Pequeño rebaño mío, formen en el mundo entero muchos Cenáculos-Betanías de Nuestros Sagrados Corazones Unidos.

Y con el Corazón sinceramente arrepentido y su voluntad enteramente puesta a mis Santos Pies, construyan mi Reino y que mi Reino Eucarístico inicie en lo profundo de sus Corazones con la conversión real .

Amado rebaño de Jesús y de María, amen a mi Sagrado Corazón Eucarístico, amen estos últimos Llamados de Amor y de Conversión, amen esta Obra Magna. Y lo comprenderán todo.

Los amo y los bendigo.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


1 Romans 12:1 — Ofrezcan a ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a
Dios …
2 Corinthians 2:15 — Pues nosotros somos para Dios, el buen olor de Cristo, que se expande. Entre los que salvan y los que se pierden…

  1. Dado que Cristo Jesús, supremo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Espíritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta.
    Pues a quienes asocia íntimamente a su vida y a su misión, también les hace partícipes de su oficio sacerdotal con el fin de que ejerzan el culto espiritual para gloria de Dios y salvación de los hombres. Por lo cual los laicos, en cuanto consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, son admirablemente llamados y dotados, para que en ellos se produzcan siempre los más ubérrimos frutos del Espíritu. Pues todas sus obras, sus oraciones e iniciativas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el cotidiano trabajo, el descanso de alma y de cuerpo, si son hechos en el Espíritu, e incluso las mismas pruebas de la vida si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (cf. 1 P 2, 5), que en la celebración de la Eucaristía se ofrecen piadosísimamente al Padre junto con la oblación del cuerpo del Señor. De este modo, también los laicos, como adoradores que en todo lugar actúan santamente, consagran el mundo mismo a Dios.

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