Shema[1], amado rebaño de mi Sagrado Corazón Eucarístico, me revelo como el Rey de la Misericordia.
Todas las obras de mi Sagrado Corazón: la Iglesia, los Sacramentos, el Evangelio, y así como la Obra del Apostolado y la revelación de los Últimos Llamados de Amor y de Conversión, son obras de misericordia. Es decir, que he venido con mi Corazón a los hombres que por el pecado perdieron la gracia y que, con mi sacrificio en la Cruz y mi Resurrección, la gracia nuevamente encontró al hombre para darle santidad y vida eterna (Salmo 136)[2].
Por eso, amado Rebaño, como el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesucristo, con el Apostolado y mis Últimos Llamados de Amor y de Conversión, la gracia de la Divina Misericordia, revelada a Santa Faustina, se renueva, se extiende y continúa.
Sean apóstoles de mi amor misericordioso, practicando las obras de misericordia corporales y espirituales, orando y enseñando a orar a todos la Corona de la Misericordia de Nuestros Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María[3].
Con mi amor misericordioso los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
[1] «Shema» proviene de la palabra hebrea que significa «oír» o «escuchar», y es la primera palabra de Deuteronomio 6:4, que es
donde se encuentra el resto del Shema.
Deuteronomio 6, 4-5.
Escucha, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es el único Yahvé. Amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
[2] Salmo 136:
[3] Magisterio: TERCERA PARTE. LA VIDA EN CRISTO.
SEGUNDA SECCIÓN. LOS DIEZ MANDAMIENTOS.
CAPÍTULO SEGUNDO «AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO»
Artículo VI. El amor de los pobres. CCC 2443 -2447.
