9 de abril de 2026 – LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL CORAZÓN DOLOROSO E INMACULADO DE MARÍA

9 de abril de 2026 – LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL CORAZÓN DOLOROSO E INMACULADO DE MARÍA

Queridos hijos, adoren, alaben y bendigan al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús Resucitado. 

Amados hijos, la primer testigo del Señor resucitado fui Yo, su Santa Mamá; estando en mi aposento en oración y en espera en el Cenáculo de Jerusalén, recibí primeramente el saludo pascual del Arcángel San Gabriel, quien feliz, exultante y luminoso apareció frente a mí en el aposento y me saludó diciendo:

Reina del Cielo, alégrate, porque a quien has merecido llevar en tu vientre inmaculado, ha resucitado. Gózate y alégrate, Santa Madre de Dios.

Inmediatamente después del saludo pascual del Arcángel, apareció mi Divino Hijo resucitado y eucaristizado1, su Sagrado Corazón vivo y ardiente. Abrazó mi Corazón doloroso en la espera y triunfante en el encuentro pascual. 

Así mi Corazón también fue transfigurado con el Corazón resucitado de mi Hijo. 

Y así nuestros Dos Corazones, que fueron unidos por el Espíritu Santo en Nazaret, son nuevamente unidos por el Espíritu Santo en la Pascua.

Por eso, amados hijos, la Alianza de nuestros Dos Corazones es una Alianza Pascual. Y todos mis hijos también deben ser testigos de esta Pascua.

Alégrense, hijos míos, por el triunfo del Cordero de Dios (Ap 19,6–7) . Aleluya.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


1 Ecclesia de Eucharistia 1, 11 – CARTA ENCÍCLICA ECCLESIA DE EUCHARISTIA DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II.
MISTERIO DE LA FE

« El Señor Jesús, la noche en que fue entregado » (1 Co 11, 23), instituyó el Sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre. Las palabras del apóstol Pablo nos llevan a las circunstancias dramáticas en que nació la Eucaristía. En ella está inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor. No sólo lo evoca sino que lo hace sacramentalmente presente. Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos.(9) Esta verdad la expresan bien las palabras con las cuales, en el rito latino, el pueblo responde a la proclamación del « misterio de la fe » que hace el sacerdote: « Anunciamos tu muerte, Señor ».
La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación. Ésta no queda relegada al pasado, pues « todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos… ».(10)
Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y « se realiza la obra de nuestra redención ».(11) Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes. Así, todo fiel puede tomar parte en él, obteniendo frutos inagotablemente. Ésta es la fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas. Ésta es la fe que el Magisterio de la Iglesia ha reiterado continuamente con gozosa gratitud por tan inestimable don.(12) Deseo, una vez más, llamar la atención sobre esta verdad, poniéndome con vosotros, mis queridos hermanos y hermanas, en adoración delante de este Misterio: Misterio grande, Misterio de misericordia. ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega « hasta el extremo » (Jn 13, 1), un amor que no conoce medida.Misterio de misericordia. ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega « hasta el extremo » (Jn 13, 1), un amor que no conoce medida.

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