Querido hijo, mi pobre instrumento, he manifestado mi amor a los hombres a lo largo de toda la historia humana. Mi amor providente nunca ha faltado a mis hijos.
Pequeña, nada. Están en los Últimos Tiempos1 y estos Últimos Tiempos son, en sí mismos, dos profecías en una sola, que se están cumpliendo.
Esa profecía es la aparición de la Mujer Vestida del Sol, coronada de doce estrellas, pisando la luna, que expresa gritos de parto.
Esa mujer es la madre del Cordero, que aparece degollado con la cicatrices del sacrificio, pero no vencido, sino un Cordero viviente con sus Santas Llagas Gloriosas.
Hijo mío, estos son los Últimos Tiempos, la aparición de la Mujer Vestida del Sol y el Cordero Glorificado.
Por eso, este Apostolado es el epílogo final. Esta espiritualidad, llamada Apostolado de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María, es el epílogo final de la Mujer Vestida del Sol y del Cordero que vienen a reunir a todas las naciones para hacerlos, a todos, hijos muy amados de su Padre Tierno y Misericordioso.
Hijo mío, el Apostolado es el resto de hijos de la Mujer2 –que guardan fielmente el Evangelio de Jesús– y son el Ejército Blanco de los que siguen al Cordero de Dios.
Este es el Último Llamado de Amor y de Conversión a todos los hombres. A todos los amo, a todos los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
- CIC 675 Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes
(cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el «misterio de iniquidad» bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudomesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1 Ts 5, 2-3; 2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).
- Isaías 10,20-22.
Aquel día no volverán ya el resto de Israel y los bien librados de la casa de Jacob a apoyarse en el que los hiere, sino que se apoyarán con firmeza en Yahvé.
Un resto volverá, el resto de Jacob, a apoyarse en el que los hiere, sino que se apoyarán con firmeza en Yahvé.
«‘ Un resto volverá, el resto de Jacob, » Que aunque sea tu pueblo, Israel, como la arena del mar, sólo un resto de él volverá* Exterminio decidido, rebosante de justicia.
» Que aunque sea tu pueblo, Israel, como la arena del mar, sólo un resto de él volverá* Exterminio decidido, rebosante de justicia.
