La devoción que repara las ofensas que los hombres cometen.
A través de mi Apostolado he revelado los dones más grandes para la Iglesia y el mundo: mi Sagrado Corazón de verdadero Dios y verdadero hombre; y mi presencia real en la Sagrada Eucaristía, haciendo un único regalo de misericordia para la humanidad, un don gratuito, una gracia infinita.
Y he venido a revelarme como el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, el título que más consuela a la Santísima Trinidad y devoción que repara las ofensas que los hombres cometen.
Por eso he dado al mundo la devoción más grande: mi Sagrado Corazón Eucarístico.
Con mi Apostolado estoy realizando una cruzada permanente de reparación, una cruzada constante de desagravio. Mi Apostolado es un ejército de almas reparadoras y adoradoras en espíritu y verdad (San Juan 4, 23-24).
He dado a mis apóstoles, a través de mi pequeño crucificado, un carisma nunca dado en su plenitud como ahora: el Espíritu Santo unido al Doloroso e Inmaculado Corazón de la Mamá Celestial.
Mi Mamá y el Espíritu Santo han dado a mis apóstoles la Devoción Eucarística Reparadora. Con esta devoción, dada por mi Espíritu y por mi Madre para que consuelen mi Corazón, mis apóstoles me acompañan en el Getsemaní de estos Últimos Tiempos.
Mis apóstoles velan conmigo y sufren conmigo, de esta forma. Y con la Devoción Reparadora Eucarística imploramos al Padre misericordia y perdón.
Apóstoles de mi Corazón Eucarístico, deseo que comprendan que la Devoción Reparadora Eucarística es la compañía que le hacen a su Jesús en Getsemaní (San Mateo 26, 40-41), que consuela a Dios, convierte pecadores y detiene el castigo. Apóstoles míos, deben tener conciencia de que son un ejército de reparación eucarístico y mariano.
Los bendigo con mi Corazón Eucarístico desde este Aposento de nuestros Sagrados Corazones.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
