Amado hijo, Yo, tu Dios Padre Tierno y Misericordioso, cuando por el Verbo formé al hombre con el poder del amor divino, lo formé para vivir en la intimidad de la Trinidad.
De mi eterna sabiduría con la palabra del Verbo, a través de la caridad del Espíritu Santo, hicimos al hombre y a la mujer a imagen y semejanza nuestra; llamados al Amor, creados al Amor, para vivir eternamente en el Amor.
Este amor ofrecido en la creación es la Comunión de la Santísima Trinidad[1].
Pero la misericordia no descansa y, de una manera renovada, ahora, a través de los Dos Corazones, tu Padre Tierno y Misericordioso, nuevamente quiere atraer a la humanidad a esta comunión de Amor Trinitario. Y los Sagrados Corazones Unidos, así como en el principio, son, ahora también, el medio para que la humanidad entre en este Amor Trinitario.
Mi pequeño hijo, este Apostolado que a ti te hemos confiado y por medio de tu pobre nada hemos suscitado, es el camino por el cual mis hijos, a través de los Corazones Unidos de Jesús y de María, entrarán en comunión con el Amor Trinitario.
¡Escuchen los Últimos Llamados de Amor y de Conversión! para que caminen con esta guía segura a la santidad que los aguarda[2].
Yo, Dios Padre Tierno y Misericordioso de toda la humanidad, los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
[1] CIC 1
«Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, por un designio de pura bondad creó libremente al hombre para hacerlo partícipe de su vida bienaventurada.»
[2] Hebreos 12,14
Procuren la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
