Mi pequeño hijo, Dios Padre Tierno y Misericordioso, mi Sagrado Corazón Eucarístico y Dios Espíritu Santo para estos tiempos, nuestra Providencia Divina y nuestra Misericordia infinita, tenían reservado un derramamiento del Amor Divino en toda la humanidad y sobre todo en la Iglesia1.
Este amor divino es la comunión íntima, perfecta e indivisa de la Santísima Trinidad2. Este amor de la Santísima Trinidad será entregado a todo corazón humano por medio del carisma del Apostolado de los Sagrados Corazones Unidos.
Este amor es entregado plenamente a través de los sacramentos, de la Sagrada Escritura y de la vida de gracia, pero para estos tiempos, de una manera renovada, intensa y eficaz, también a través de la Obra de los Últimos Tiempos: el Apostolado de los Sagrados Corazones Unidos.
Hijo mío, a través de ti, como pobre instrumento, llamaré a todos al amor trinitario. Por medio de los últimos avisos a la humanidad, que son nuestros Llamados de Amor y de Conversión, renovaré, mi pequeño oblato, este Último Llamado de Amor y de Conversión para toda la humanidad. Renovaré las gracias que, a través de mi Apostolado, estoy entregando a la Iglesia y a la humanidad3. Las renovaré. Y a ti te llamo, te amo, te bendigo y te envío.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
1 CIC 257 — Toda la economía de la salvación manifiesta la comunión trinitaria.
2 Juan 17, 20-26
«…que sean uno como nosotros somos uno.»
3 CIC 260
El fin último es entrar en la perfecta unidad de la Trinidad.
