Mi pequeña nada, así tú contemplando el misterio de mi tierna misericordia al fijarme en tu nada y el Consolador Espíritu Santo y el dulce Corazón Doloroso e Inmaculado de María te consagraron para anunciar el Reino de los Dos Corazones[1]. En este anuncio, por los méritos del Espíritu Santo y de la dulce Virgen Inmaculada, te envío como heraldo del tiempo profético que se cumple ahora, el tiempo de los Dos Corazones Unidos, pues es en este tiempo que se están realizando las profecías de la gran aparición mariana de la Mujer vestida del Sol de Apocalipsis, el Corazón Doloroso e Inmaculado de María y la gran aparición del Cordero degollado de pie en el trono, el Sagrado Corazón Eucarístico de mi Hijo Jesucristo.
El tiempo, hijo mío, de los Dos Corazones es el tiempo en que se realizan estas dos grandes apariciones del libro de Apocalipsis. Y estos tiempos han llegado y el corazón de los hombres está dormido.
Anuncia, hijo, intercede con las oraciones que te hemos dictado y ofrécete en oblación para que la humanidad escuche a las dos últimas apariciones antes del tiempo de la recta justicia. La Mujer vestida del Sol es el Corazón Doloroso e Inmaculado de María y el Cordero que vencerá y reinará por los siglos de los siglos, es el Sagrado Corazón Eucarístico de Dios Hijo, Jesucristo.
Anuncia, Pequeña Nada, anuncia al mundo los Últimos Llamados de Amor del Cielo para la conversión de la humanidad[2].
Te envío mi pobre instrumento y el más pequeño de mis profetas, Pequeña Nada, a quien amo.
En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
[1] Juan 14, 26: «El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo».
[2] San Clemente Romano: «Fijemos nuestra mirada en la sangre de Cristo y comprendamos cuán preciosa es para el Padre la conversión de sus hijos».
