Soy Yo ese Cordero Divino
El Cordero de Dios presente en el Santísimo Sacramento y perpetuamente entregado en sacrificio a Dios Padre (Hebreos 9, 14) por la salvación de la humanidad, se presenta en estos últimos tiempos. Soy Yo ese Cordero Divino; me presento glorioso, pero con las señales de haber sido sacrificado; me presento sobre el altar; las señales son: mis manos, mis pies, mi cabeza y mi Corazón, traspasados por amor a ustedes, y el altar es la Cruz, mi eterno altar.
Mi cuerpo sacrificado trae en su pecho la Sagrada Eucaristía y mi Sagrado Corazón, siendo uno con la Santa Forma, porque la Eucaristía es el centro de esta manifestación, es el centro de mis Llamados de Amor y de Conversión y es el corazón del Apostolado.
Por eso, he pedido ser conocido, amado y adorado como el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, porque el amor, la misericordia y la salvación brotan de mi Corazón Sacramentado.
Estos últimos llamados exhortan a los hombres a dirigir sus corazones hacia Jesús Eucaristía, su Salvador.
¡Yo soy el Cordero del Apocalipsis, adórenme y escuchen mi voz! La advocación del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús es la imagen viva del Cordero de Dios, que se manifiesta en Apocalipsis.
Con mi Preciosa Sangre y mi Corazón Eucarístico los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María purísima, sin pecado original concebida.
