Pequeño rebaño de mi Sagrado Corazón Eucarístico:
Para estos tiempos ha sido reservada la gran devoción a nuestros Sagrados Corazones. Para estos tiempos, según las Sagradas Escrituras, se tenían que manifestar nuestros Dos Corazones Unidos, ya proféticamente revelados, como el Cordero de Pie y con las Llagas de su sacrificio manifestado en Apocalipsis y mi Santa Mamá como el Corazón Doloroso e Inmaculado de María manifestada en la Mujer vestida del Sol, coronada de doce Estrellas, pisando la luna.
Mi Sagrado Corazón Eucarístico como el Cordero Glorioso del Apocalipsis, el Corazón Doloroso e Inmaculado de mi Mamá Santa como la Mujer Vestida de Sol, y nuestros Dos Sagrados Corazones Unidos realizan ahora el cumplimiento de todas las profecías marianas, que son la puerta del cumplimiento de todas las profecías cristocéntricas.
Además de manifestarse nuestros Dos Corazones también estaba reservado, para este tiempo, la formación de todo el resto de hijos de la Mujer que guardan la palabra de mi Corazón[1]. Este resto de hijos son ustedes, apóstoles de los Últimos Tiempos, a quienes hemos venido a reunir, de todas las naciones, en la Obra del Apostolado de nuestros Sagrados Corazones Unidos.
Mi pequeño rebaño, el Apostolado es la reunión de todo mi Resto Fiel. Hijos de la Iglesia y apóstoles de los Últimos Tiempos[2], abran el corazón y el entendimiento con la humildad y la oración para que puedan comprender el tesoro de gracia y misericordia que, a través de esta Obra, quiere ser entregado a todos los hombres.
Los bendigo con nuestros Sagrados Corazones Unidos.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
[1] Rm 11, 5
“Así también en el tiempo presente ha quedado un resto elegido por gracia”
[2] Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 764, 768, 541, 670) La Iglesia es el germen del Reino y persevera en medio de pruebas como comunidad fiel.
