30 de abril de 2026 – LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

30 de abril de 2026 – LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

Amado rebaño de mi Sagrado Corazón Eucarístico, Yo soy el Buen Pastor que viene a guiar a mi Iglesia en estos tiempos. 

La Santísima Trinidad ha entregado este don del Apostolado para santificar al mundo entero1. Cada parte que compone esta Obra del Amor Misericordioso es un medio para que la humanidad entera se encuentre verdaderamente con el amor de mi Sagrado Corazón. Por medio de esta Obra Magna quiero que los hombres vivan un encuentro real y una experiencia de amor y de conversión con la Santísima Trinidad y con Nuestros Sagrados Corazones. 

Con cada Rama del Apostolado abarco a la Iglesia Universal y a la humanidad2. En el Apostolado de los Corazones Unidos por medio de los Cenáculos de Oración

deseo congregar al mundo entero en Comunidades Eucarísticas Marianas que vivan la fe, fe y la caridad alimentándose de la oración, especialmente de la Santa Eucaristía y del Santo Rosario. 

Con el Ejército Blanco de los Sagrados Corazones Unidos, quiero atraer a todos los niños del mundo hacia Mí a través del Corazón de mi Santa Mamá. Y hacer un ejército de inocentes que, con su oración y testimonio, salven almas. 

A través del Apostolado Juvenil de Nuestros Sagrados Corazones Unidos, deseo levantar un Ejército de la juventud consagrada a Nuestros Sagrados Corazones Unidos, que, con su alegría, su entusiasmo y su fuerza enamoren a otros de Nuestros Dos Corazones y rescatar a la juventud del mundo. 

A través de la Cruzada Familiar de los Sagrados Corazones Unidos, deseo hacer un llamado a todos los matrimonios del mundo a que pueden santificarse dentro del matrimonio, consagrándose a Nuestros Sagrados Corazones, y que estos matrimonios reunidos en Cenáculo de Oración incentiven a las familias del mundo a ser parte de este ejército de familias de los Últimos Tiempos. A través de esta Cruzada Familiar, los esposos deben saber que no están solos y que están llamados también a rescatar a otros matrimonios, a todos los matrimonios.

Con la Cruzada Pro Vida de los Sagrados Corazones Unidos, deseo levantar un ejército de almas que defiendan la dignidad humana, empezando desde el vientre materno. Y extendiéndose a todas las áreas de la vida del hombre. Un ejército de almas que proclame la dignidad humana a modelo de Nuestros Sagrados Corazones Unidos. 

Con los Misioneros del Espíritu Santo y de los Sagrados Corazones Unidos, deseo extender por el mundo entero, a través de mis Llamados de Amor y de Conversión, la importancia de la Buena Nueva del Evangelio. Y anunciar a los hombres que la Iglesia los espera a todos y que los sacramentos desbordan de amor para salvar a la humanidad. Y que, a través de los misioneros, el Espíritu Santo y nuestros Sagrados Corazones Unidos sean exaltados en toda la tierra. 

A través de Adveniat per Cor Marian deseo conquistar a todo el mundo para mi Sagrado Corazón, pero a través de la Consagración al Corazón Doloroso e Inmaculado de María. Por medio de esta Rama del Apostolado quiero que el mundo entero venga a mí por medio del Corazón de mi Madre. 

A través de los Apóstoles de la Cruz Gloriosa de Nuestros Sagrados Corazones Unidos, deseo dignificar el dolor de la enfermedad y que ningún enfermo se sienta solo. Que sepan que son un Ejército de Almas Víctimas ofrecidas por el triunfo del Corazón de mi Madre en la venida del Reino de mi Sagrado Corazón Eucarístico. Y que ese ofrecimiento se vuelva visible con la erección de Cruces Gloriosas físicas en todo el mundo. Que estos Apóstoles de la Cruz construyan el Trono de nuestros Dos Corazones en todas partes, para que todos vuelvan a mí por medio de mi Mamá Santa. 

A través de la Cruzada Perpetua de Reparación, por medio de las 33 horas de reparación, deseo que el mundo entero haga reparación por todos los pecados. Y a cambio reciban gracia y misericordia para el mundo. 

A través de la Cruzada de Intercesión de Nuestros Sagrados Corazones Unidos, deseo levantar apóstoles que velen en oración por todo el mundo, por todos sus hermanos, que oren por los que aún están en la tierra y que oren por los que purgan en el sufragio del Purgatorio. Que oren por los sacerdotes y que oren por los enfermos. A través de este Ejército de Intercesores quiero hacer sentir a mis hijos que nadie está solo y abandonado de la oración. 

Con la Fraternidad Religiosa de los Sagrados Corazones Unidos deseo unir la riqueza de los carismas de la Iglesia; sin perder cada uno su carisma religioso, se unan en un solo propósito: el Reino de Nuestros Dos Corazones. Deseo un ejército de religiosos y religiosas que, con su consagración de vida, sea luz y salud para el mundo entero. 

Con la Fraternidad Sacerdotal de los Sagrados Corazones Unidos deseo reunir a todos mis sacerdotes del mundo. Es un llamado a todos los sacerdotes para que ninguno se sienta solo, para que caminen juntos, para que se santifiquen, para que con su ministerio sean el puente para el triunfo de mi Madre y el Reinado de mi Corazón, para que encuentren en esta fraternidad de sacerdotes compañía, fuerza, compañerismo, amor, ayuda y perseverancia. 

A través del ministerio de la Alianza de los Dos Corazones, quiero que mis apóstoles de los Últimos Tiempos sirvan a los más pobres de entre los pobres; promuevan la importancia de la Divina Liturgia. Y con la práctica de obras de misericordia espirituales y corporales, construyan la nueva civilización eucarística e inmaculatizada. 

A través de la Cruzada Musical Mater Christi. Deseo que en la tierra se viva la alabanza del Cielo, la adoración a Dios, la glorificación de su nombre por medio de la alabanza y del canto. Que en la tierra puedan vivir el gozo espiritual de la vida eterna, entonando los signos eternos al amor. 

Oh, hijos amados, a través de mi Apostolado vengo a abrazar al mundo entero y por eso es mi Obra Magna, porque en esta obra está contemplado todo el universo para ser eucaristizado e inmaculatizado por nuestros Sagrados Corazones, que están unidos por el Espíritu Santo. A través del apostolado de nuestros Sagrados Corazones Unidos, vengo a salvar al mundo con el amor. 

Los envío a anunciar el kerigma de amor de nuestros Sagrados Corazones. 

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


1 Mt 28:19 

19 Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

2 PABLO OBISPO. CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA SOBRE LA IGLESIA . LUMEN GENTIUM. 13

13. Todos los hombres están llamados a formar parte del nuevo Pueblo de Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y único, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para así cumplir el designio de la voluntad de Dios, quien en un principio creó una sola naturaleza humana, y a sus hijos, que estaban dispersos, determinó luego congregarlos (cf. Jn 11,52). Para esto envió Dios a su Hijo, a quien constituyó en heredero de todo (cf. Hb 1,2), para que sea Maestro, Rey y Sacerdote de todos, Cabeza del pueblo nuevo y universal de los hijos de Dios. Para esto, finalmente, envió Dios al Espíritu de su Hijo, Señor y Vivificador, quien es para toda la Iglesia y para todos y cada uno de los creyentes el principio de asociación y unidad en la doctrina de los Apóstoles, en la mutua unión, en la fracción del pan y en las oraciones (cf. Hch 2,42 gr.).

Así, pues, el único Pueblo de Dios está presente en todas las razas de la tierra, pues de todas ellas reúne sus ciudadanos, y éstos lo son de un reino no terrestre, sino celestial. Todos los fieles dispersos por el orbe comunican con los demás en el Espíritu Santo, y así, «quien habita en Roma sabe que los de la India son miembros suyos» [23]. Y como el reino de Cristo no es de este mundo (cf. Jn18,36), la Iglesia o el Pueblo de Dios, introduciendo este reino, no disminuye el bien temporal de ningún pueblo; antes, al contrario, fomenta y asume, y al asumirlas, las purifica, fortalece y eleva todas las capacidades y riquezas y costumbres de los pueblos en lo que tienen de bueno. Pues es muy consciente de que ella debe congregar en unión de aquel Rey a quien han sido dadas en herencia todas las naciones (cf. Sal 2,8) y a cuya ciudad ellas traen sus dones y tributos (cf. Sal 71 [72], 10; Is 60,4-7; Ap 21,24). Este carácter de universalidad que distingue al Pueblo de Dios es un don del mismo Señor con el que la Iglesia católica tiende, eficaz y perpetuamente, a recapitular toda la humanidad, con todos sus bienes, bajo Cristo Cabeza, en la unidad de su Espíritu [24].

En virtud de esta catolicidad, cada una de las partes colabora con sus dones propios con las restantes partes y con toda la Iglesia, de tal modo que el todo y cada una de las partes aumentan a causa de todos los que mutuamente se comunican y tienden a la plenitud en la unidad. De donde resulta que el Pueblo de Dios no sólo reúne a personas de pueblos diversos, sino que en sí mismo está integrado por diversos órdenes. Hay, en efecto, entre sus miembros una diversidad, sea en cuanto a los oficios, pues algunos desempeñan el ministerio sagrado en bien de sus hermanos, sea en razón de la condición y estado de vida, pues muchos en el estado religioso estimulan con su ejemplo a los hermanos al tender a la santidad por un camino más estrecho. Además, dentro de la comunión eclesiástica, existen legítimamente Iglesias particulares, que gozan de tradiciones propias, permaneciendo inmutable el primado de la cátedra de Pedro, que preside la asamblea universal de la caridad [25], protege las diferencias legítimas y simultáneamente vela para que las divergencias sirvan a la unidad en vez de dañarla. De aquí se derivan finalmente, entre las diversas partes de la Iglesia, unos vínculos de íntima comunión en lo que respecta a riquezas espirituales, obreros apostólicos y ayudas temporales. Los miembros del Pueblo de Dios son llamados a una comunicación de bienes, y las siguientes palabras del apóstol pueden aplicarse a cada una

de las Iglesias: «El don que cada uno ha recibido, póngalo al servicio de los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 P 4,10).

Todos los hombres son llamados a esta unidad católica del Pueblo de Dios, que simboliza y promueve paz universal, y a ella pertenecen o se ordenan de diversos modos, sea los fieles católicos, sea los demás creyentes en Cristo, sea también todos los hombres en general, por la gracia de Dios llamados a la salvación.

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