Mi Apostolado también es una obra de la Cruz. La Cruz será el Altar perpetuo de mi Corazón Eucarístico, en la cual me ofrecí, me ofrezco, y eternamente me ofreceré a mi Padre por ustedes (Hebreos 10, 12). La Cruz es el Altar de mi Corazón y mi Madre está al pie de este Altar adorando, consolidando y reparando, sin cesar, por la humanidad.
Es también por esto que he revelado, a través de mi Apostolado, a todo el mundo la Cruz Gloriosa de Nuestros Sagrados Corazones Unidos.
Cruz que es el Altar de la Sagrada Eucaristía y Trono de los Sagrados Corazones de la Madre y del Hijo. Cruz que ahuyenta a Satanás. Cruz que bendice el lugar donde se exponga. Cruz que protegerá ciudades de desastres naturales y de la ira del Padre.
En esta Cruz Gloriosa de los Sagrados Corazones Unidos he concentrado todas las espiritualidades de la Cruz.
¡Que la Cruz Gloriosa de Nuestros Sagrados Corazones sea amada y sembrada en el mundo entero!
Y con esta Cruz que es mi Altar y mi Trono los bendigo. Con esta Cruz, que mi Padre ha pedido que se entronizara en el Jardín de María.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María purísima, sin pecado original concebida.
