Lourdes, llamado a la penitencia
¡Penitencia, penitencia, penitencia! (Hebreos 6, 6), este fue mi mensaje dado en la gruta de Massabielle[1] y es el mensaje que en los Llamados de Amor y de Conversión continuamente les doy.
Las rosas doradas que presenté sobre mis pies[2] y que ahora presento en mi Doloroso e Inmaculado Corazón son un eterno llamado a la penitencia. Penitencia que quiere decir soportar las dificultades que en la vida ordinaria se presenten, pero a pesar de estas pruebas y cruces ser fiel a Jesús. En esta penitencia ofrecer los sufrimientos y pruebas del estado de vida; ofrecer las enfermedades e incluso ofrecer las tentaciones como ofrenda agradable, para mi Hijo Jesús. Penitencia es ser fiel a mi Hijo y a su Evangelio en el estado de vida en los que estén mis hijos. Fue dado al mundo un gran don en Lourdes, el don de la penitencia. Penitencias que, ofrecidas a mi Hijo, por medio de mis manos, salvan almas y santifican la vida de quien las ofrece.
A sor Lucia de Fátima le fue presentada una visión: la Santísima Trinidad con mi Hijo crucificado y de su costado brotaban las palabras ‘Gracia y Misericordia’, esas palabras, formadas con agua cristalina, las he traído a mi jardín, bendiciendo la Fuente de Gracia y Misericordia, para sanación del alma y del cuerpo de mis hijos.
Ofrezcan queridos hijos sus vidas en penitencia por la conversión de los pobres pecadores y para los que aún viven puedan ser apóstoles de Nuestros Sagrados Corazones. Queridos hijos, sean testimonio de mis Llamados de Amor y de Conversión.
Como Madre de Lourdes y con mi Doloroso e Inmaculado Corazón los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María purísima, sin pecado original concebida.
[1] Una gruta que era el basurero de la villa de Lourdes.
[2] El jueves 11 de febrero de 1858, la primera aparición, la Virgen vestía un traje blanco, brillante y de un tejido desconocido, ajustado al talle con una cinta azul; largo velo blanco caía hasta los pies envolviendo todo el cuerpo. Dos rosas brillantes de color oro cubrían la parte superior de los pies de la Santísima Virgen.
