He dado al mundo el gran regalo de esta espiritualidad de Nuestros Sagrados Corazones Unidos para llamar la atención de los hombres, para que se encuentren con mi amor misericordioso y para que, conociendo el camino de la rectitud (Eclesiástico 4, 18) no se extravíe ni confunda.
Apóstoles de mi Corazón Eucarístico ustedes se preguntan: ¿Cuál es la Voluntad de Dios para mí? Apóstoles míos, lo que Dios quiere, lo que Dios espera y lo que Dios les señala para que hagan y cumplan su Divina Voluntad está manifestada en nuestros Últimos Llamados de Amor y de Conversión. Por eso les hablo a través de los Últimos Llamados revelándoles lo que quiero y espero de los hombres: que todos sean apóstoles de Nuestros Sagrados Corazones, que todos en el mundo entero formen Cenáculos de oración y que, por medio del testimonio de vida, el amor de Nuestros Sagrados Corazones pueda llegar a los demás, ya que mi amor misericordioso llega más al corazón por medio de ustedes con obras que con las palabras.
Mi Apostolado debe ser un Ejército permanente, reparador y eucarístico. He suscitado mi Apostolado para que ustedes, que son mi pequeño resto, me acompañen, velen y oren en el Getsemaní de estos Últimos Tiempos.
Con amor misericordioso los bendigo. Sean testimonios vivos de estos Llamados de Amor.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
