Queridos hijos, adoren, alaben y bendigan a su Dios tres veces Santo, Yo Soy Dios Padre, y soy un Padre tiernísimo y misericordioso[1]. Vengo a abrazar el mundo con mi ternura y que, a través de ese encuentro conmigo, el corazón de los hombres sea sanado; y mi providencia divina ha dado este tiempo de misericordia, pues estoy haciendo un último llamado nacido de mi amor, para la conversión de la humanidad.
No quiero que mis hijos se pierdan[2], quiero que todos sean inmaculatizados[3] por el Doloroso e Inmaculado Corazón de María a través de una vida pura; y sean eucaristizados[4] a través del Sagrado Corazón Eucarístico del unigénito Jesucristo, viviendo a plenitud los sacramentos.
Para esta gran obra de salvación del mundo a través de los Dos Corazones de Jesús y de María, entrego un camino de santidad, que es la espiritualidad de la Alianza de los Sagrados Corazones.
Esta espiritualidad está profetizada desde el inicio hasta el final de la santa Palabra, porque es a través de los Dos Sagrados Corazones que Yo, su Padre Tierno y Misericordioso, salvaré a la humanidad.
Este Apostolado, que estoy revelando ahora, es la Obra de la Misericordia de Jesús y de María.
Escuchen a mis dos predilectos Corazones y acojan esta Obra, haciéndola vida en ustedes: la Obra de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María
Los bendigo y con mi bendición los amo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
[1] Ex 34,6: «El Señor, Dios compasivo y misericordioso».
[2] 1 Tim 2,3-4: Dios quiere que todos los hombres se salven.
[3] CIC 491-493.
[4] San Ignacio de Antioquía:
«La Eucaristía es medicina de inmortalidad».
