Para estos tiempos teníamos reservada la manifestación que más consolaría a la Santísima Trinidad y la devoción que más agradaría al Padre Eterno: mi Sagrado Corazón Eucarístico, la manifestación más grande y el mayor atributo de mi Corazón Redentor.
Me presento a este pequeño, crucificado y agonizante en la Cruz, con mi Corazón que es uno solo con la Sagrada Eucaristía y derramando de este Corazón Eucarístico los rayos de agua y sangre, la fuente insondable de la misericordia.
Así reúno, en esta advocación, los atributos del Redentor, unidos y teniendo como centro al más grande sacramento de mi amor: la Sagrada Eucaristía.
Y así deseo ser conocido, adorado, por el mundo entero. Porque esta advocación del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús es la devoción de estos tiempos que consuela, repara y detiene la divina justicia de mi Padre.
Y, con mi Corazón Eucarístico los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima sin pecado original concebida.
