Les hablo con mucha ternura, les llamo con piedad.
Mi Corazón Eucarístico es un remanso de paz para todos los hombres. No existe una criatura en la tierra que no tenga refugio y pan en mi Corazón. Mi Corazón está desbordante de amor e inundado de misericordia. Con mis últimos llamados a la conversión, quiero que todos puedan comprender el inmenso amor de mi Corazón.
Queridos hijos, les hablo con mucha ternura, les llamo con piedad: ¡vuelvan su rostro hacia el Señor! ¡No se alejen de la luz de mi rostro (Daniel 9,3)!
Mi Corazón Eucarístico ha suscitado este apostolado, tan amado por Mí, para llamar a la humanidad a la conversión, a un retornar a Dios, a regresar a la Iglesia.
Hijos míos, reafirmo con esta Obra la importancia de la Santísima Eucaristía. Es mi Corazón Eucarístico y Misericordioso que se está revelando como la última tabla de salvación, para todos ustedes. Y mi Corazón sufre cuando encuentra almas indiferentes, que no quieren escuchar a Jesús.
Queridos hijos, en el Icono Santo de Nuestros Corazones Unidos pueden contemplar la entrega generosa de mi Madre y la mía, para que cada uno de ustedes pudiera ser redimido y salvado. Esto es un don gratuito, recíbanlo.
Mi Corazón sufre por las almas que, ya en vida, quieren vivir la condenación. ¡Abran sus corazones y permitan que mi Espíritu los transforme! La dureza de sus corazones entristece al Padre; ya no endurezcan sus corazones.
Desde este aposento de los Tres Corazones de la Sagrada Familia bendigo al mundo entero.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
