Mi llamado y mi manifestación son eucarísticos
Al dar al mundo el Apostolado, la Obra grande de mi Corazón, también he dado el atributo que más honor, consuelo y reparación da a Dios Hijo, y confirmo, con este título, la verdadera y real presencia en el Santísimo Sacramento:
Yo soy el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.
Y, como mi sacrificio no sólo fue un hecho del pasado, también es un sacrificio eternamente presente (Hebreos 10,12), me muestro a la pequeña víctima que he tomado como instrumento: Crucificado con mi Santa Hostia y mi Sagrado Corazón siendo uno sólo en mi pecho. Y los dos Rayos de Gracia y Misericordia, que brotan de él, para la salvación del mundo entero (San Juan 19, 34).
Así, todas las revelaciones privadas cristocéntricas las reúno, para reafirmarlas, y junto a ellas exaltar el más grande sacramento del amor:
La Santa Eucaristía.
Apóstoles míos, abran sus corazones y adoren al Sagrado Corazón Eucarístico, Rey y Centro de esta Magna Obra. Por eso, mi llamado y mi manifestación en este santo lugar son totalmente eucarísticos.
Y con mi Corazón Eucarístico, Yo los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
