Sus almas las he rescatado con sangre y dolor. Nada me reservé para Mí. Toda mi vida, humana y divina, la sacrifiqué. No pensé si mi amor iba a ser correspondido. No pensé si mi amor iba a ser aceptado. Solamente amé y me entregué a mi Padre por todos ustedes, para redimirlos del pecado y con mi sacrificio abrir las puertas del Reino Eterno para todos.
Comprendan, queridos hijos, que, de una forma muy especial, mi Sagrado Corazón se está acercando a ustedes, les está hablando, les está llamando con amor, para que conviertan sus corazones. Hijitos míos, pidan al Espíritu Santo y Yo se los daré. ¡Que mi Divino Espíritu transforme sus corazones a semejanza del mío, para que sean agradables al Padre Celestial! ¡Aumenten más su confianza en mi Corazón Eucarístico! Cuando confíen más y se abandonen más, amarán más.
Hijos, como prenda de mi amor estoy llamando, con mi apostolado, a que toda la humanidad reconozca el amor infinito que en mi Sagrado Corazón Eucarístico existe para cada criatura humana. Hijitos, los invito: reciban el amor de Dios, abran sus corazones a este amor tan infinito.
Desde este lugar santo, abrazo con amor misericordioso al mundo entero.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María purísima, sin pecado original concebida.
