3 de junio de 2026 – LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

3 de junio de 2026 – LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

Amado rebaño de mi Sagrado Corazón Eucarístico, nosotros, la Santísima Trinidad, siempre hemos utilizado medios para abrazar al hombre, pero la indiferencia del corazón humano hacia Dios es un echazo1 total a nuestra misericordia; prefiriendo no renunciar a la voluntad humana mal usada, eligen entonces, renunciar al amor de la Trinidad2.


Por eso, como un medio de amor trinitario, para que la humanidad encuentre un camino claro hacia nosotros, hemos entregado esta Obra de los Sagrados Corazones.

Esta Obra es Magna porque esa Alianza de triunfo y reinado de los Dos Corazones, desde el Génesis fue profetizada; pero como una espiritualidad eclesiológica ha sido revelada para estos Últimos Tiempos, pues estaba reservada para estos momentos; y por eso con la manifestación del Corazón Doloroso e Inmaculado de María Vestida de Sol y la Epifanía del Cordero de Dios, se cumple, entonces el último tiempo de la Mujer y del Cordero, y por eso mismo son nuestras últimas apariciones y nuestros Últimos Llamados antes del tiempo de la justicia.

Con el Apostolado mi Sagrado Corazón Eucarístico exhorta al mundo: ¡Regresen al amor de la Trinidad!
Los amo, los bendigo.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


1 Jn 1,10-11: «Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron.»

2 Ef 2,4-5: Pero Dios rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo —por gracia han sido salvados—

3 IV Las obras divinas y las misiones trinitarias

257 O lux beata Trinitas et principalis Unitas! («Oh Trinidad, luz bienaventurada y unidad esencial») (LH, himno de vísperas «O lux beata Trinitas»). Dios es eterna beatitud, vida inmortal, luz sin ocaso. Dios es amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios quiere comunicar libremente la gloria de su vida bienaventurada. Tal es el «designio benevolente» (Ef 1,9) que concibió antes de la creación del mundo en su Hijo amado, «predestinándonos a la adopción filial en Él» (Ef 1,4-5), es decir, «a reproducir la imagen de su Hijo» (Rm 8,29) gracias al «Espíritu de adopción filial» (Rm 8,15). Este designio es una «gracia dada antes de todos los siglos» (2 Tm 1,9-10), nacido inmediatamente del amor trinitario. Se despliega en la obra de la creación, en toda la historia de la salvación después de la caída, en las misiones del Hijo y del Espíritu, cuya prolongación es la misión de la Iglesia (cf. AG 2-9).

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