Pequeña nada, oblato de la Santísima Trinidad y de la Mujer vestida del Sol. Al darte a conocer esta obra eclesiológica: el Apostolado de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María, estamos revelando, por medio de tu pobreza, de tu fragilidad, de tu miseria y de tu ignorancia[1], el don de la Alianza de los Dos Corazones de Jesús y de María. Este don Yo lo anuncié proféticamente en Génesis. Y se desvela en Apocalipsis y se está cumpliendo en estas revelaciones privadas.
De modo, mi pequeño, que esta Obra es la gran realización de la aparición de la Gran Señal: La Mujer Vestida del Sol. Exclamando los gritos de parto, como la perfecta discípula del Evangelio: Los Últimos Llamados de Amor y de Conversión.
Y a mi Hijo Jesucristo en medio del Trono, como el Cordero sacrificado que vencerá, que revela su nombre sobre todo nombre: Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.
Hijo mío, la Mujer vestida del Sol y el Cordero, desde que esta Obra de la Iglesia se inició, ya están predicando a la humanidad.
Hijo mío, con la fundación del Apostolado inició el tiempo de los dos Testigos, de los Dos Corazones, el tiempo de la Mujer vestida del Sol y del Cordero[2].
Anuncia, pequeña nada, anuncia que la Gran Señal ya está entre ustedes preparando el reinado del Cordero de Dios.
Te envío, te amo y te bendigo.
En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
[1] 1 Corintios 1, 27-29: 27 Al contrario, Dios ha elegido lo que el mundo considera necio para confundir a los sabios; ha elegido lo que el mundo considera débil para confundir a los fuertes; 28 ha elegido lo vil, lo despreciable, lo que no es nada a los ojos del mundo para aniquilar a quienes creen que son algo. 29 De este modo, nadie puede presumir ante Dios.
[2] Apocalipsis 11, 3-4: 3 Será entonces cuando haga que mis dos testigos, vestidos de luto, profeticen durante mil doscientos sesenta días. 4 Me refiero a los dos olivos y a los dos candelabros que están de pie en
presencia del Señor de la tierra.
