26 de marzo de 2026 – LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

26 de marzo de 2026 – LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

Amados hijos de la Alianza de nuestros Sagrados Corazones, Yo soy el Cordero de Dios que ha vencido y que, al final de todos los tiempos, reinará1.

El nombre que se me ha sido dado por el Padre Tierno y Misericordioso y por el Espíritu Santo es Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús. Este nombre refiere al misterio del Agnus Dei.

Ya el precursor San Juan Bautista lo anunciaba: He ahí el Cordero de Dios2. Que también quiere decir: He ahí el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.

Por eso, este es el título más grande, más fuerte y más santo que a Dios Hijo se le ha sido entregado: Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.

Y cuando este título cristocéntrico, el más grande de todos los títulos, reine en todos los corazones, podrá la humanidad entera ser eucaristizada.

Por eso estoy tocando a la puerta; llamo a la puerta del mundo con estos Últimos Llamados de Amor y de Conversión3, para que me abran la puerta y Yo pueda darles el alimento eucarístico de mi propio corazón y eucaristizarlos4.

Por eso, el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús es el Nombre sobre todo nombre, dado a Mí, Dios Hijo.

Los amo, los bendigo y los estoy llamando en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


1 Ap 5,6-13; Ap 17,14; Ap 19,11-16.
Ap 5,6-13 – El Cordero inmolado y glorioso, digno de recibir honor y gloria.
Ap 17,14 – El Cordero los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes. Ap 19,11-16 – Cristo vencedor y rey definitivo.

2 Jn 1,29 – “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” 3 Ap 3,20 – Estoy a la puerta y llamo.

4 PABLO OBISPO. CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA SOBRE LA IGLESIA. LUMEN GENTIUM. Numeral 11.

  1. El carácter sagrado y orgánicamente estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza por los sacramentos y por las virtudes.

Participando del sacrificio eucarístico, fuente y cumbre de toda la vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y se ofrecen a sí mismos juntamente con ella [20]. Y así, sea por la oblación o sea por la sagrada comunión, todos tienen en la celebración litúrgica una parte propia, no confusamente, sino cada uno de modo distinto. Más aún, confortados con el cuerpo de Cristo en la sagrada liturgia eucarística, muestran de un modo concreto la unidad del Pueblo de Dios, significada con propiedad y maravillosamente realizada por este augustísimo sacramento.

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