Santa Pascua de la Victoria del Sagrado Corazón Eucarístico del Cordero de Dios, Jesucristo.
Queridos hijos, adoren, alaben y bendigan al Sagrado Corazón Eucarístico de mi Hijo Jesús y dejen que el gozo pascual inunde sus vidas. Para que sean testigos en el mundo entero de que el Hijo de Dios vive, reina y gobierna con su Sagrado Corazón Eucaristizado y que viene a eucaristizar a toda la Iglesia y a todos los hombres.
Hijos amados, la Pascua es también reflejo de la Alianza de Nuestros Dos Sagrados Corazones Unidos. Por lo tanto, saluden, proclamen y exulten diciendo:
Santa Pascua de la Victoria del Sagrado Corazón Eucarístico del Cordero de Dios, Jesucristo (Apocalipsis 5,12-13)[1].
El paso del Cordero, de la Cruz a la Resurrección, otorga el dulce Don de la Salvación Eterna (Sacrosanctum Concilium Cap. I, 5)[2].
Con la Alianza de Nuestros Sagrados Corazones Unidos, los bendigo y los envío a proclamar la victoria del Cordero de Dios en su resurrección.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
[1] Apocalipsis 5,12-13
Y decían con fuerte voz: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la
alabanza.»
«Y toda criatura, del cielo, de la tierra, debajo de la tierra y del mar, y todo lo que hay en ellos oí que respondían: «Al que está
sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder por los siglos de los siglos.
[2] SACROSANCTUM CONCILIUM CAPÍTULO I, 5
PRINCIPIOS GENERALES PARA LA REFORMA Y FOMENTO DE LA SAGRADA LITURGIA
I. NATURALEZA DE LA SAGRADA LITURGIA
Y SU IMPORTANCIA EN LA VIDA DE LA IGLESIA
La obra de la salvación se realiza en Cristo
5. Dios, que «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim., 2,4), «habiendo hablado antiguamente en muchas ocasiones de diferentes maneras a nuestros padres por medio de los profetas» (Hebr., 1,1), cuando llegó la plenitud de los tiempos envió a su Hijo, el Verbo hecho carne, ungido por el Espíritu Santo, para evangelizar a los pobres y curar a los contritos de corazón, como «médico corporal y espiritual», mediador entre Dios y los hombres. En efecto, su humanidad, unida a la persona del Verbo, fue instrumento de nuestra salvación. Por esto en Cristo se realizó plenamente nuestra reconciliación y se nos dio la plenitud del culto divino. Esta obra de redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo la realizó principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión. Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, «con su Muerte destruyó nuestra muerte y con su Resurrección restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació «el sacramento admirable de la Iglesia entera».
