Soy la Madre del Dios del Carmelo
Queridos hijos, soy la Madre del Dios del Carmelo; este Dios que se manifiesta en la oración, en el silencio, en la brisa suave del rocío del Espíritu Santo.
El Padre quiere que la devoción a mi Doloroso e Inmaculado Corazón esté unida a la devoción de vuestra Señora del Carmen, porque es un signo para los Últimos Tiempos. En mi Corazón Doloroso e Inmaculado se manifiesta, en su plenitud, la Advocación del Carmen y la devoción del Sagrado Escapulario; porque el Escapulario de Nuestros Sagrados Corazones, que he dado al mundo en estos Últimos Tiempos, es un compendio y una reunión de gracias.
Mi Corazón Doloroso e Inmaculado, como la nube que se alzaba sobre el Carmelo para iluminar a Israel y a todos los justos (1 Reyes 18, 43-44), viene, en Divina Voluntad, a manifestarse en estos tiempos para iluminarlos a todos. Y con el fuego de amor que corona mi Corazón, irradio claridad, paz y caridad a todos mis hijos. Y con el Escapulario de los Sagrados Corazones los revisto con una gracia nueva, una fuerza nueva.
Como Madre del Corazón Doloroso e Inmaculado del Carmelo les digo que la advocación por excelencia de estos Últimos Tiempos, mi Corazón Doloroso e Inmaculado, está profundamente unida a la Fiesta de vuestra Madre del Carmen, de tal forma que la revelación del Corazón Doloroso e Inmaculado es el inicio de la Solemnidad del Carmelo.
Desde este lugar, que Yo considero mi Carmelo de los Últimos Tiempos, los bendigo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
